13.6.19

Un visionario en los infiernos



LA GACETA LITERARIA


Un visionario en los infiernos

El 8 de junio de 1945, a los pocos días de haber sido liberado de su calvario infernal por los campos de concentración nazis de Auschwitz, Buchenwald y Flöha, uno de los más singulares y míticos poetas del surrealismo, Robert Desnos, enfermo de tifus, moría en el abarrotado hospital ruso improvisado en otro siniestro eslabón de esa misma cadena, Terezin. No sin admirada sorpresa, en su cadáver se descubrió un último poema de amor seguramente destinado a Youki, la mujer de su vida, de modo extraño similar a otro escrito mucho antes (“Tanto he soñado contigo”). Otro blasón del surrealismo, “el amor loco, el amor único”, se había hecho en él carne palpitante.
09 Jun 2019 31

Por Rodolfo Alonso

 PARA LA GACETA - BUENOS AIRES

Nacido con el siglo, el 4 de julio de 1900, y nada menos que en el barrio des Halles de París, desde muy joven la suerte de Robert Desnos se liga con la del grupo de quienes iban a revolucionar la poesía del siglo XX: Benjamin Péret, André Breton, Louis Aragon, Tristan Tzara, Paul Éluard, Philippe Soupault, René Crevel, Antonin Artaud, Jacques Prévert, René Char. Con ellos, le tocó vivir la etapa heroica e “inocente” del surrealismo, aquella que en la década de los veinte del siglo pasado creía hacer realidad a la vez todos los sueños y todos los deseos. Y en la cual participó no sólo con algunos de los libros más significativos de ese período fulgurante (en 1924: Deuil pour deuil; en 1927: La Liberté ou l´Amour!; en 1930: Corps et biens), sino también hasta exponiendo su cuerpo y su psiquis en inolvidables sesiones de ensoñación hipnótica, que lo conducían a un auténtico trance. Por eso, sin duda, pudo decir con justicia André Breton: “Nadie como él ha cargado con la cabeza baja en todas las vías de lo maravilloso”.

Pero también le tocó a él percibir –y manifestar--, llegado el momento, que el surrealismo había caído ya en el “dominio público” (título que se daría póstumamente, en 1953, a un volumen con la mayor parte de su obra poética: Domaine public), y que estaba en consecuencia “a disposición de los heresiarcas, de los cismáticos y de los ateos”. Después de romper con el exigente casi puritanismo a la inversa de André Breton, aquel ortodoxo de la heterodoxia a quien no pocos de sus adeptos terminaron tildando como Papa del surrealismo, Robert Desnos volcó en el periodismo, la radio, la canción, el cine y, aunque fugazmente, hasta en la publicidad, su genio y su ingenio.

Heroico participante en la Resistencia francesa contra la ocupación nazi, fue arrestado por la Gestapo una mañana de febrero de 1944. Internado primero en Buchenwald, conoció luego la siniestra serie de los campos de concentración del hitlerismo. Que lo ofrecería a la muerte.

Exponente de las mejores virtudes, no sólo estéticas por supuesto, que emergieron con la rebelión surrealista, la poesía de Robert Desnos nos inquietó con las experiencias inefables de Rrose Sélavy (un personaje imaginario creado por telepatía con el pintor Marcel Duchamp), se anticipó con mucho a las inquietudes de la lingüística sin dejar nunca de ser poeta en L´Aumonyme o Langage cuit, y nos deslumbra en textos como los de A la mystérieuse y Les ténèbres con un lirismo límpido y poderoso, entrañable y fraterno, siempre enamorado de las fuentes más hondas y fecundas de la vida.

© LA GACETA

Rodolfo Alonso - Poeta, traductor y ensayista. Su último libro es Ser sed, poesía reunida 1993-2018.

EL ÚLTIMO POEMA*
Por Robert Desnos

Tanto he soñado contigo,
Tanto he caminado, hablado tanto,
Tanto he amado tu sombra,
Que no me queda ya nada de ti,
Me queda ser la sombra entre las sombras
Ser cien veces más sombra que la sombra
Ser la sombra que retorna y retornará
En tu vida asoleada.

*Traducción de Rodolfo Alonso.

Un visionario en los infiernos

El 8 de junio de 1945, a los pocos días de haber sido liberado de su calvario infernal por los campos de concentración nazis de Auschwitz, Buchenwald y Flöha, uno de los más singulares y míticos poetas del surrealismo, Robert Desnos, enfermo de tifus, moría en el abarrotado hospital ruso improvisado en otro siniestro eslabón de esa misma cadena, Terezin. No sin admirada sorpresa, en su cadáver se descubrió un último poema de amor seguramente destinado a Youki, la mujer de su vida, de modo extraño similar a otro escrito mucho antes (“Tanto he soñado contigo”). Otro blasón del surrealismo, “el amor loco, el amor único”, se había hecho en él carne palpitante.

09 Jun 2019 3
1
Por Rodolfo Alonso
 PARA LA GACETA - BUENOS AIRES
Nacido con el siglo, el 4 de julio de 1900, y nada menos que en el barrio des Halles de París, desde muy joven la suerte de Robert Desnos se liga con la del grupo de quienes iban a revolucionar la poesía del siglo XX: Benjamin Péret, André Breton, Louis Aragon, Tristan Tzara, Paul Éluard, Philippe Soupault, René Crevel, Antonin Artaud, Jacques Prévert, René Char. Con ellos, le tocó vivir la etapa heroica e “inocente” del surrealismo, aquella que en la década de los veinte del siglo pasado creía hacer realidad a la vez todos los sueños y todos los deseos. Y en la cual participó no sólo con algunos de los libros más significativos de ese período fulgurante (en 1924: Deuil pour deuil; en 1927: La Liberté ou l´Amour!; en 1930: Corps et biens), sino también hasta exponiendo su cuerpo y su psiquis en inolvidables sesiones de ensoñación hipnótica, que lo conducían a un auténtico trance. Por eso, sin duda, pudo decir con justicia André Breton: “Nadie como él ha cargado con la cabeza baja en todas las vías de lo maravilloso”.
Pero también le tocó a él percibir –y manifestar--, llegado el momento, que el surrealismo había caído ya en el “dominio público” (título que se daría póstumamente, en 1953, a un volumen con la mayor parte de su obra poética: Domaine public), y que estaba en consecuencia “a disposición de los heresiarcas, de los cismáticos y de los ateos”. Después de romper con el exigente casi puritanismo a la inversa de André Breton, aquel ortodoxo de la heterodoxia a quien no pocos de sus adeptos terminaron tildando como Papa del surrealismo, Robert Desnos volcó en el periodismo, la radio, la canción, el cine y, aunque fugazmente, hasta en la publicidad, su genio y su ingenio.
Heroico participante en la Resistencia francesa contra la ocupación nazi, fue arrestado por la Gestapo una mañana de febrero de 1944. Internado primero en Buchenwald, conoció luego la siniestra serie de los campos de concentración del hitlerismo. Que lo ofrecería a la muerte.
Exponente de las mejores virtudes, no sólo estéticas por supuesto, que emergieron con la rebelión surrealista, la poesía de Robert Desnos nos inquietó con las experiencias inefables de Rrose Sélavy (un personaje imaginario creado por telepatía con el pintor Marcel Duchamp), se anticipó con mucho a las inquietudes de la lingüística sin dejar nunca de ser poeta en L´Aumonyme o Langage cuit, y nos deslumbra en textos como los de A la mystérieuse y Les ténèbres con un lirismo límpido y poderoso, entrañable y fraterno, siempre enamorado de las fuentes más hondas y fecundas de la vida.
© LA GACETA
Rodolfo Alonso - Poeta, traductor y ensayista. Su último libro es Ser sed, poesía reunida 1993-2018.
> EL ÚLTIMO POEMA*
Por Robert Desnos


Tanto he soñado contigo,
Tanto he caminado, hablado tanto,
Tanto he amado tu sombra,
Que no me queda ya nada de ti,
Me queda ser la sombra entre las sombras
Ser cien veces más sombra que la sombra
Ser la sombra que retorna y retornará
En tu vida asoleada.

*Traducción de Rodolfo Alonso.

29.5.19




RADAR LIBROS
26 de mayo de 2019
Sed poeta
Autor de más de treinta libros, traductor del italiano, francés y portugués y editor de más de doscientos títulos desde los años 60, Rodolfo Alonso ha sido altamente coherente con la consigna de mantener la poesía viva en el lenguaje. La editorial universitaria de Villa María, Eduvim, acaba de publicar Ser sed, un volumen que incluye sus últimos cuatro libros: El arte de callar, Poemas pendientes, A flor de labios y el inédito hasta ahora Poemas al gusto del día. En esta entrevista, Alonso presenta este volumen y repasa su relación con los oficios de poeta, traductor y editor en un ya largo y fecundo trayecto.

Rodolfo Alonso es una voz fundamental de la poesía argentina y latinoamericana. Autor de más de treinta libros, traductor desde hace décadas de decenas de autores del italiano, francés y portugués, y ex editor (publicó nada menos que unos 250 libros, con un sello propio), se integró, desde muy joven, al grupo que hizo Poesía Buenos Aires, la revista vanguardista que, capitaneada por Raúl Gustavo Aguirre, desde la década de 1950 modernizó y revolucionó la escritura y la lectura establecidas por medio de sus poemas, ensayos y traducciones.

Rodolfo Alonso es una voz fundamental de la poesía argentina y latinoamericana. Autor de más de treinta libros, traductor desde hace décadas de decenas de autores del italiano, francés y portugués, y ex editor (publicó nada menos que unos 250 libros, con un sello propio), se integró, desde muy joven, al grupo que hizo Poesía Buenos Aires, la revista vanguardista que, capitaneada por Raúl Gustavo Aguirre, desde la década de 1950 modernizó y revolucionó la escritura y la lectura establecidas por medio de sus poemas, ensayos y traducciones.


Recientemente, la Editorial Universitaria de Villa María (Córdoba), Eduvim, ha publicado Ser sed, un importante volumen prologado por el escritor y crítico Jorge Monteleone (“Rodolfo Alonso: vivir es rotundo”), que agrupa los últimos cuatro libros de Alonso: El arte de callar, con prefacio de Juan José Saer, de 2003; Poemas pendientes, con prólogo de Lêdo Ivo, de 2010; A flor de labios, de 2015 –los tres aparecidos originalmente por Alción–; y el hasta ahora inédito Poemas al gusto del día, que reúne poesía escrita entre 2013 y 2018.

En forma extensa, exquisita y erudita, Alonso relata las distintas experiencias y caminos editoriales por los cuales se fueron reuniendo sus libros, sus saberes como traductor y editor, y siempre la poesía: la sed por ella. La poesía, en esas múltiples expresiones, como médula de la vida.

Este volumen llega hasta el año pasado, como si se viniera publicando tu “obra completa”. ¿Es así?, ¿cómo ves o apreciás esto?

  –Por un lado, nunca me sentí cómodo con el concepto “obra completa” ni, tampoco, con el desmesurado objeto en que suele convertirse, incómodo de manejar. Y, además, jamás pensé que eso podía ocurrirme a mí, que ni soñando alguna editorial iba a meterse en eso. En cambio, como iluminaciones repentinas, sí me ocurrió más tarde sentir que algunos de mis libros tenían puntos en común, se rozaban por uno u otro motivo. Por suerte, la cosa terminó tomando espontáneamente ese camino. Primero fue la bellísima y exigente editorial de los Pellegrini, para la cual Mario me sorprendió pidiendo un libro. Con tantas cosas en común, sentí que bien podrían reunirse allí mis poemas de adolescencia, surgidos cuando la vanguardia eran Poesía Buenos Aires y los surrealistas. Y así apareció en Argonauta el primer tomo de mi poesía reunida: A favor del viento (1952-1956). Cierto tiempo después, invitado a la mexicanísima Xalapa para presentar un libro mío y, de paso, la poesía completa de mi querido Juan Gelman, en el marco de una feria del libro universitario coincido con el eficacísimo y generoso Carlos Gazzera, un puntal de Eduvim, la ejemplar y fecunda editorial universitaria cordobesa. Una noche, de improviso, me susurra si no me gustaría dirigir para ellos “una colección de po...”. No lo dejé terminar, le dije “se va a llamar La Gran Poesía, vamos a publicar grandes poetas fundamentales, en traducciones rigurosas y bilingües...”. Y así fue, menos de un año después aparecían Baudelaire y Dino Campana, y luego Apollinaire, Emily Dickinson, Miguel Hernández, los maestros medievales Guinizelli, Cavalcanti y Angiolieri. Fue tan abierta y productiva la relación que algunos años después Carlos me propone publicar algo mío. Recordé cuatro libros que sentía relacionados por ciertos atisbos madurez, y así volvió a aparecer otro tomo de mi poesía reunida, ahora por Eduvim: Lengua viva (1968-1993). No se desanimaron y surgió un tercer tomo que, con seis libros, cubre el espacio entre los dos primeros: El uso de la palabra (1956-1983). Siguieron confiando y, así, con toda naturalidad, Eduvim publicó ahora Ser sed.

¿Hiciste revisiones, correcciones, supresiones?

  –Los libros no fueron retocados, y tampoco la inmensa mayoría de los poemas. No se eliminó ningún poema, y sólo muy pocos fueron retocados, diría en ínfimo número. Eso también, sentí, les añadía un sentido. Sinceridad, autenticidad, desnudez, hasta flagrancia diría, siempre a cara descubierta. Fueron lo que son, y son lo que fui, y acaso sigo siendo. Y siempre como si me escribiera otro, como por fuera de mi voluntad, como si yo fuese más bien el instrumento que el ejecutante. Ya lo dije otras veces, y no sé si podría decirlo más claro: “La poesía me ocurre”, no hay proyecto, no hay plan previo, no hay propósito. Eso se desencadena en mí, o a través de mí, y no siempre con el mismo desencadenante. E intuyo que el lenguaje tiene muchísimo que ver en todo eso. El lenguaje que nos atraviesa, que nos envuelve, que nos azuza, que nos acuna. También me ocurrió ya decirlo otras veces. “No usamos el lenguaje, somos lenguaje”.

Junto a la poesía, seguís traduciendo. Apareció YO es otros, una “antología esencial” de Pessoa. ¿Por qué “esencial”? ¿Cuáles son los criterios que manejaste para armar ese volumen?

–YO es otros, antología esencial de Fernando Pessoa, es el séptimo título de aquella colección La Gran Poesía que te mencionaba. Después de una amplia Introducción general, seguida de la ponencia que presenté en Lisboa al Congreso Internacional Fernando Pessoa, se divide en cuatro grandes secciones: Documentos, con textos clave como su propia Noticia biográfica o su famosa Carta sobre el Origen de los Heterónimos. Poesía, totalmente bilingüe, con mis nuevas versiones de poemas antes no publicadas de Fernando Pessoa él mismo, o sus principales heterónimos. Prosa, con fragmentos de relatos y narraciones como “El banquero anarquista” y sus poco conocidos Aforismos. Correspondencia, con cartas personales que van desde su contacto directo con grandes poetas como Yeats o Teixeira de Pascoaes hasta su única relación amorosa, breve y platónica, con la muy joven Ofélia Queiroz. El conjunto, desde diversas perspectivas, permite una visión animada y fecunda sobre el siempre múltiple Pessoa, el poeta más secreto y, quizá por eso, universalmente seductor.

¿Cuál es tu valoración más general de la poesía de Pessoa?

  –Siendo muy joven, invitado por Aldo Pellegrini, me tocó descubrirlo y traducirlo cuando era absolutamente desconocido, hasta en el mismo Portugal. Y después de tanto tiempo me tocó volver a encontrarme con él, a solicitud de la Editorial de la Universidad de Valparaíso, de donde surgió YO es otros. Los jóvenes editores chilenos están tan entusiasmados con él que no logran poner punto final a su edición, para la cual volvieron a pedirme ampliaciones a originales que ya creía definitivos, y a la cual continúan dedicando una devoción y un respeto ejemplares, que los lleva a enriquecerla permanentemente. Esa nueva inmersión en el caso Pessoa, me indujo no a intentar algunas respuestas más o menos definitivas sino a plantearme, más claramente y más a fondo, preguntas, preguntas que me resultan expresivas. Pessoa no vio publicado en portugués más que un solo libro de poesía: Mensaje. Y también siempre evidenció su atención por una narración breve: “El banquero anarquista”, que también llegó a ver publicado pero en una revista. Además hubo sólo una cantidad de poemas o escritos en prosa, aparecidos en publicaciones periódicas y a los que él no llegó a dar forma de libros. Todo el resto no es sino una inmensa cantidad de hojas y fragmentos manuscritos o dactilografiados, en su gran mayoría sueltos y no siempre con título o fecha, lo que hace incierto imaginar su destino o relación. 

Claro que está el Pessoa que empezó a convocar cada vez más y más lectores.

  –Y que llegarían a ser de todo el mundo, tanto que comenzó a gestarse alrededor del Legado toda una corte de especialistas e investigadores que, muchas veces sobre el mismo supuesto libro, compilaron y armaron aquellos fragmentos, aquellas hojas sueltas, para llegar a su edición. Ahora, esas mismas hojas y fragmentos sueltos de Pessoa están apareciendo en internet. Y yo me pregunto... ¿Cada lector de Pessoa no debería tener presente eso cuando se enfrenta con un libro suyo que no sea alguno de los dos publicados por él, o al menos constituido por material que él publicó en diarios y revistas? Es más, ¿cada lector de Pessoa no tendría ahora la posibilidad de armar su propio libro con aquellos fragmentos suyos? Y dejamos aquí de lado otro problema. El idioma portugués ha sufrido, ya en vida de Pessoa, varios cambios ortográficos, que él nunca aceptó. Y los libros de Pessoa que nos dan las editoriales modernas no mantienen su grafía original sino que utilizan, por supuesto, aquella del momento en que el libro se fabrica y se venderá. Y yo no me animo del todo a preguntarme públicamente: el secreto, multifacético, cambiante e inmenso Pessoa ¿no será, con esa ambigüedad y polisemia infinitas, el meollo mismo de la literatura, de la poesía, del lenguaje humano? Pero intuyo que él mismo me respondería, acaso, como lo dejó dicho en inglés: “Try to charm by what is in your silence”. Es decir, “Trata de encantar con lo que hay en tu silencio”.

  –Todavía. Ya no me sorprendo, porque ha ido sucediendo, aquí y allá. Es como ocurre precisamente ahora, tu pregunta me hizo dudar y fui a fijarme. Y tenés razón: los dos primeros títulos, Sade y Masoch, aparecen en agosto de 1968. Demasiado cerca como para haber sido fruto directo del Mayo francés (que no fue solo francés), pero sí seguramente, en ese aire, en ese clima de época. Yo era algo así como un disidente de izquierda, porque siempre me interesó el socialismo pluralista, de base, el viejo sueño de justicia y libertad, de justicia social y libertades públicas. Y de hecho la editorial tuvo mucho de eso, es decir era casi como yo mismo. De hecho, fue una editora artesanal, de autor, nunca fue una empresa digamos comercial, sino independiente, autónoma. En los mejores momentos tenía cuando mucho un cadete y una secretaria. Desde un comienzo el asesor fui yo, porque no tenía ninguna experiencia, fui aprendiendo cómo se hace un libro visitando imprentas, linotipias, papeleras, distribuidoras. Cómo llegue a publicar unos 250 títulos diferentes, y que tuvieron incluso reediciones, no sabría decirlo. Yo sólo seguí mi instinto, mi intuición. Y fui fiel a mi manera de ser.

¿Qué relaciones creés que hay entre cada uno de estos tres roles que tuviste y tenés de poeta-autor, traductor y editor)?

 –Cuando intentan definirme en pocas palabras, se suele decir: poeta, traductor, ensayista, ex editor. Sólo podría agregar que nunca me lo propuse, que eso surgió y surge espontáneamente, y en mi caso bien temprano. Que yo me dejo llevar: nada de todo eso fue precedido por un plan, proyecto y, mucho menos, estrategia, o ambición. Simplemente, y una vez más, confieso: la poesía me ocurre, el lenguaje me ocupa, en el doble sentido de colmarme y darme trabajo. Y yo me dejo llevar, repito. Quizá, sin darme cuenta, y desde un comienzo, que fue bien temprano, sin saberlo estaba coincidiendo con lo que luego supe iba a enunciar, tan lúcidamente, mi querido y admirado Dante Milano, acaso el más secreto, el más discreto de los grandes poetas brasileños: “La misión del poeta no es la de inventar una nueva poesía, sino la de no dejar que la poesía muera”. Así sea. 


RADAR LIBROS
26 de mayo de 2019
Poemas de Rodolfo Alonso de Ser sed
HAY ALGO RARO EN EL DIARIO
¿Qué haces aquí, Poema?
¿Te escondes, o te esconden?

¿El poema es un astro
condenado a un rincón,

un artista del hambre
en tiempos de miseria?

Apretado entre prosas,
anuncios, obituarios,

saldos, liquidaciones, 
análisis de costos,

cuadros de situación,
vaticinios y encuestas,

¿el poema aún respira,
muestra signos de vida? 

El Poema es un astro
que acaso se extinguió,

cuya luz fue extraviada
hace tiempo, bien lejos.

Y estas son sus pavesas
confinadas a un diario.

“Puedo ser el poema
pero no la Poesía.”

(De El arte de callar)

A LA SOMBRA DE MALTHUS
Sabios anuncian,
con discreta emoción
y sopesando datos,
de manera siniestra,
irreprochables,
que en el Tercer Milenio
más hombres tendrán sed.

(De hacerlo, no serán,
como se ve,
lo suficientemente
originales:
todos los siglos
consiguieron tener
sed de justicia,
libertad y belleza.)

Ahora, por fin, parece
–miserable milagro,
cruel consumación,
irrisorio destino
final–, que los humanos
tendrán por suerte
matar muriendo
(cazando lluvias,
en oasis blindados,
cercando ríos,
encerrando al mar)
por una simple, serena, 
saludable y letal
sed clarísima de agua.

(De El arte de callar)

JUAN OCTAVIO PRENZ
LEER MÁS
Kicillof-Magario, la fórmula para la gobernación bonaerense | Martín Insaurralde los felicitó y propuso trabajar juntos "por el futuro" de la Provincia
LEER MÁS
Respaldo a Kicillof-Magario | Grabois-Solanas
Como Tzara ya dijo
Cuando éramos tan jóvenes
Como él lo había sido
La poesía será una
Manera de vivir
La poesía se ejerce
Brindarse a manos llenas
No acaba en el poema
Y a veces ni lo implica

Pero ser uno y darse
Ser uno y no cerrarse
Tener la gentileza
Serena de donarse
Sin haberlo previsto
Sin prevención ni estímulo
Es poesía en acto
Es poema en acción
La poesía es una
Manera de vivir

(De A flor de labios)                                                                                                                                          

MEMENTO VIVERE
“Sobre esto dejemos crecer la hierba.”
Lichtenberg

Carne una vez tocada,
carne sida, que fuimos,
sólida como el viento,
firme como la luz.
Carne asida, perdida,
carne que eres memoria,
aliento, duración
imprecisa, pendiente,
sostenida en tu llama,
frágil como el azar.
Carne que causa ira,
que devasta, que incendia,
carne que deja ver,
carne insumisa, eterna,
perdurable, volátil,
cierta, veloz, lejana.
Carne que crece en otros
hecha carne o recuerdo,
destino o circunstancia,
eso llamado amor,
eso llamado fue.
Carne, milagro en sí,
insaciable milagro
que eres tu luz, la vida,
que eres tu sol, la sombra.
Carne, fugaz, pasando
irrevocablemente,
convertida en historia
cotidiana, cruel.
Carne rozada, intacta,
que el futuro hará olvido
y que el presente erige
sobrevida inmortal.
Si fuiste, eres, y eres
lo que serías, fuiste
y serás, siendo somos
lo sido, lo que hicieron
de nosotros al ser:
somos lo que será
y lo que ahora somos.
Ese ahora que fue.

(De A flor de labios)

LATE EL LITIO
LEER MÁS
La ficha
Late el litio latente
Liviana levadura
Lúgubre ligadura
Aluvión de lingotes
Levantarán el vuelo
Alud que asola el suelo
Los lastimosamente
Lazos de la licencia
De las licencias duelo
Los lamentablemente
Lo levantan del suelo
Sudor de la salina
Ligan los relamidos
Lo que levanta el ala
La leva de alelados
Lejos lejos logramos
Eludir lo legado
Lástima por el litio

Lo habíamos olvidado
Pero no los ladrones

(De Poemas al gusto del día)

EL PONCHO DE LOS POBRES
Bajo este vendaval de impiedad y de infamia
Que anega el corazón y ciega hasta dolernos
Sobre el cuerpo aterido de tanto despojado
En situación de calle en situación de abismo
De tanto despreciado de tanto depredado
De tanto despedido por la crueldad impune
Del poder de poderes del poder de la fuerza
Del oro que nos hiela bajo todas sus formas
Todavía tenemos al sol dando una mano
El sol poncho de pobres en la miseria injusta
Inmerecida sobre un país desolado
Asolado por deudas de eficacia siniestra
Todavía nos queda el roce tibio hermano
De su abrazo en los hombros buscando devolvernos
El calor que nos forje buscando despertarnos

(De Poemas al gusto del día)

RADAR LIBROS
26 de mayo de 2019
Sobre el arte de callar
Por Juan José Saer
Desde Salud o nada que apareció en 1954, la vida y la obra de Rodolfo Alonso vienen dedicándose con exclusiva pasió al trabajo poético en su triple vertiente de creación,de traducción y de reflexión sobre el arte singular de la poesía, buceando, como está escrito en su homenaje a Aldo Pellegrini en la opacidad de las palabras/ a la búsqueda del momento justo.

En este nuevo libro, la limpidez lírica de Alonso, internándose en la espesura riesgosa de formas y de temas nuevos, instala una compleja atmósfera poética, hecha de confesiones, de argumentos,de juegos verbales, pero también de devociones y de requisitorias, de diatribas y de homenajes.
Una obstinada lucha por el verbo y por la verdad poética sintetizada por uno de sus más apropiados dísticos: Batallas perdidas ya hace tiempo/ se siguen combatiendo en mi cabeza.

6.5.19

Inesperada actualidad de Valéry



contratapa sábado 4 de mayo de 2019

Inesperada actualidad de Valéry
Por Rodolfo Alonso




No hemos podido precisar por qué, pero aquella primera lección dictada por Paul Valéry el viernes 10 de diciembre de 1937, en París, al hacerse cargo de la Cátedra de Poética en el tradicional Colegio de Francia, fue también la última. De modo que ese agudo y lúcido texto, que nos enorgullecemos de haber presentado a los lectores de nuestra lengua (Introducción a la poética, Rodolfo Alonso Editor, 1975), ha venido a constituirse por su carácter (transcripción de lo emitido en aquella única clase), en un auténtico testimonio. Y, al mismo tiempo, por los alcances y las relaciones de lo que en estas líneas tratará de aludirse, también en una evidencia.


Aunque es bien sabido que Paul Valéry (1871-1945), sin duda uno de los poetas y de los intelectuales más significativos del siglo veinte, admirador y discípulo de Stéphane Mallarmé, fue también uno de los más límpidos y rigurosos teóricos de los problemas de la palabra y del lenguaje, no dejará acaso de sorprender en quien fue considerado (no pocas veces peyorativamente) algo así como el pontífice de la poesía pura, leer allí párrafos como éstos: “Acabo de pronunciar las palabras valor y producción. Me detengo en ellas un momento.” // “Por eso destaco ese préstamo de algunas palabras de la Economía; me será quizá cómodo reunir bajo los solos nombres de producción y de productor, las diversas actividades y los diversos personajes de los cuales tendremos que ocuparnos, si queremos tratar de lo que tienen en común, sin distinguir entre sus diferentes especies. No será menos cómodo, antes de especificar que se habla de lector o de oyente o de espectador, confundir todos esos supuestos de obras de todos los géneros, bajo el nombre económico de consumidor.” // “Sin insistir en mi comparación económica, está claro que la idea de trabajo, las ideas de creación y acumulación de riqueza, de oferta y de demanda, se presentan muy naturalmente en el dominio que nos interesa.”

Muchos de sus protagonistas no lo recordarán. O preferirán no recordarlo. Pero una de las consecuencias más deletéreas de la Guerra Fría, en los medios intelectuales, la constituyó probablemente el obcecado maniqueísmo, la pérdida de los imprescindibles matices, aquella “vil guerra / del descrédito, de la malicia, de la / ceguera de célula / o sacristía” a la que supo aludir tan cabalmente Pier Paolo Pasolini. En ese contexto, me resulta ampliamente gratificador que haya sido precisamente Jean-Paul Sartre, uno de los pioneros de la literatura comprometida, quien a la afirmación entre injuriosa y despectiva de que “Paul Valéry es un pequeño burgués”, supo responder –no sin lucidez inclusive ideológica– “Sí, pero no todos los pequeños burgueses son Valéry.”

Si aquel ambiente, más de prejuicio que de confusión, hubiera permitido pensar, no sólo con libertad sino especialmente con justicia, o simplemente razonar, hubiera sido quizá posible asumir que mal podía tildarse apenas de idealista, desentendido o conformista a quien había sido capaz de afirmar, por ejemplo, que “Bajo este nombre de espíritu no entiendo en modo alguna una entidad metafísica; entiendo aquí, muy simplemente, una potencia de transformación...” Para añadir, poco más adelante, “En particular, el espíritu crea el orden y crea el desorden, porque su cometido es provocar el cambio.”

Y es precisamente en este contexto histórico que hoy nos abruma, bajo el feroz totalitarismo de mercado y el desolado imperio globalizador de la bien bautizada (por Guy Débord) sociedad del espectáculo, que sólo nos imagina como consumidores acríticos, cuando quizá estamos en condiciones de poder comenzar a evaluar con otra perspectiva, más fecunda, aquel visionario diagnóstico que Valéry supo efectuar hace ya más de ocho décadas, ¡en 1932!: “Se han creado símbolos, existen máquinas que dispensan de la atención, que dispensan del trabajo paciente y difícil del espíritu; cuanto más avancemos, tanto más se multiplicarán los métodos de simbolización y de grafía rápida. Estos métodos tienden a suprimir el esfuerzo de razonar.” 

Y, también, con no menos apabullante premonición: “En fin, de todas maneras, estamos circunscritos, dominados por una reglamentación, oculta o sensible, que se extiende a todo, y estamos despavoridos por esa incoherencia de excitaciones que nos obsesiona y de la cual acabamos por tener necesidad. // ¿No son, ésas, condiciones detestables para la producción ulterior de obras comparables a las que la humanidad realizó en los siglos precedentes? Hemos perdido el ocio para madurar, y si nosotros, los artistas, nos observamos íntimamente, no encontramos ya esta otra virtud de los antiguos creadores de belleza: el propósito de durar.”

No se trata, pues, a mi modesto entender, de cambiar simplemente el signo del malentendido, y convertirnos ahora en adoradores incondicionales de lo que antes pudo llegar a parecernos dudoso o descartable. El pensamiento de Paul Valéry es una auténtica potencia de transformación, trata de ceñirse a la razón y de dirigirse a la razón, y sería entonces absurdo considerarlo a priori como dogma, favorable o enemigo. Es en nuestro propio provecho, como intelectuales y como hombres, y aunque no coincidamos en algo o aún totalmente con él, que nos conviene reiniciar, retomar o continuar un diálogo abierto y creador con un pensamiento de ese nivel, que no se propone congelarse en una u otra dirección sino, por el contrario, nada menos, que provocar el cambio. Sospecho, y no sin buenos motivos, que la lectura de su Introducción a la poética (Alción, 2011) constituye una buena oportunidad de volver a dar el primer paso.

Rodolfo Alonso: Poeta, traductor y ensayista.


29.4.19

SOPHIA

Publicado el domingo 14 de abril



Sophia de Mello Breyner Andresen es sin duda la gran dama de la poesia portuguesa contemporánea

SOPHIA

Por Rodolfo Alonso * 


La canonización universal de Fernando Pessoa acarreó sin proponérselo una gran injusticia: opacar no sólo a sus contemporáneos y hasta a sus predecesores, sino a los otros grandes poetas portugueses del siglo XX. A lo cual contribuyó sin duda el largo período negro de la dictadura salazarista, forma lusitana del fascismo. Y fue bajo ese yugo (del que iba a liberarla en 1974 la legendaria “revolución de los claveles”, en cuyo clima libertario germinó probablemente el culto de Pessoa), que se formó el luminoso y hondo vigor, a la vez ético y estético, de los nuevos poetas de Portugal. Entre los cuales se destaca, sin duda, una mujer.
Sophia de Mello Breyner Andresen (1919-2004) fue sin duda la gran dama de la poesía portuguesa. En su escritura, sucinta y clara, medida y contagiosa, como en la indeleble luz mediterránea de los griegos que tanto amó, la belleza y la justicia no resultan más que una sola y misma musa. Arduo sería intentar aludir a la poesía de alguien que fue capaz de encarnarla, de manera honda, luminosa y cabal. No sólo en sus poemas, sino también en aquellas conmovedoras palabras con que agradeció, en plena dictadura, el Gran Premio de Poesía concedido por la Sociedad Portuguesa de Escritores a su Livro sexto (1964). Y que formarían parte luego de un texto clave,  ejemplar, revelador: su paradigmática Arte poética 1. Muy pocas veces ha sido dado poner de manifiesto la dignidad de la poesía, tan nítidamente: “La poesía no me pide exactamente una especialización puesto que su arte es el arte del ser. Tampoco es tiempo o trabajo lo que la poesía me pide. Ni me pide una ciencia, ni una estética, ni una teoría. Antes me pide la entereza de mi ser, una conciencia más honda que mi inteligencia, una fidelidad más pura de lo que aquella que puedo controlar. Me pide una intransigencia sin fisura. Me pide que arranque de mi vida que se quiebra, gasta, corrompe y diluye una túnica sin costura. Me pide que viva atenta como una antena, me pide que viva siempre, que nunca duerma, que nunca me olvide. Me pide una obstinación sin tregua, densa y compacta.”
Hay en Sophia una enorme luz, luz de la razón (ardiente) y del logos, sol vivo del lenguaje, de lo real y del espíritu. En la palabra de Sophia está la luz. Es decir, no habla de la luz. Está en la luz. Y es una luz generalmente meridiana, transparente, plena. Que por lo tanto implica también su sombra, ambas bien netas: “El sol es pesado y la luz leve. Camino por la acera junto al muro pero no quepo en la sombra. La sombra es una cinta estrecha. Sumerjo la mano en la sombra como si la sumergiese en agua.” 
  Y está también la concisión, la brevedad. Que siempre imaginé, sentí capaz de concentrarse para irradiar. Es una concisión de humildad digna, que no seca a los poemas ni los vuelve enjutos ni puritanos. Todo lo contrario. Es una brevedad que se ejerce, que se desarrolla para hacer decir más al lenguaje, a las palabras, siempre vivas. Una brevedad que se despliega, como la vida, preñando, cubriendo de fecundidad hasta las últimas estribaciones de la nada. 
Y es un dichoso lujo del despojamiento, acaso el único modo, para ella, no de ser ella misma sino de dejarse fluir en su ser ella en devenir, atenta y vigilante sin dejar de estar, al mismo tiempo, en estado de gracia, entregada. Es una desnudez que recibe y que da, una desnudez para recibir y para dar. Decir que Sophia es breve no es exhaustivo, ni convincente, o necesario. Y no es suficiente. Esa concisión no es austeridad. Es un lujo de lo esencial, pura “pobreza y privilegio”, como subraya René Char.
Me pareciera que bien podría estar hablando de Sophia cuando el agudo Pier Paolo Pasolini advierte que, la vasta obra de Biagio Marin (forjada en el idioma, no dialecto, de los escasos  pobladores de su pequeña isla natal, Grado, una joya viva en la luz del sol y del Adriático), sólo puede medirse con justicia en función de su mayor o menor cercanía con la gran luz del sol mayor que la origina, que es su fuente.
Pues nos dice Sophia, magníficamente: “La cosa más antigua de que me acuerdo es de un cuarto frente al mar dentro del cual estaba, posada encima de una mesa, una manzana enorme y roja. Del brillo del mar y del rojo de la manzana se erguía una felicidad irrecusable, desnuda y entera. No era nada fantástico, no era nada imaginario: era la propia presencia de lo real que yo descubría.”
¿Fue acaso el mar, entonces, como creo, quien la abrió a ese mundo, a la conciencia inconsciente de ese mundo, quien le abrió los ojos, deslumbrante? ¿Fue entonces el cielo limpio, inagotable, la arena infinita, inmemorial, el sol que nos templa con sus rayos, como creo, quien despertó su sed para abrevarnos, para abrevar en ella? ¿Fueron los griegos clásicos, presentes, con su presencia real, los dioses de deslumbrante humanidad, pero no simplemente leídos sino latentes, percibidos, en lo trágico y desbordante del mundo ser y de ser en el mundo?


* RODOLFO ALONSO - Poeta, traductor, ensayista. Libro reciente: “Ser sed” (poesía reunida 1993-2018), Eduvim, Córdoba, 2019.







Parecería que si: “El reino ahora es sólo aquel que cada uno por sí mismo encuentra y conquista, la alianza que cada uno teje.         Este es el reino que buscamos en las playas de mar verde, en el azul suspendido de la noche, en la pureza de la cal, en una pequeña piedra pulida, en el perfume del orégano. Semejante al cuerpo de Orfeo despedazado por las furias este reino está dividido. Nosotros buscamos reunirlo, buscamos su unidad, vamos de cosa en cosa.”
Y aquí se hace evidente lo que enunció Gabriel Miró: “Pero es que la palabra no sería deliciosa si no significara una calidad”. No fue en los libros, o no sólo en ellos por lo menos, donde Sophia bebió primordialmente. ¿Fue su sed de belleza y justicia, inescindibles, quien la condujo, suavemente, no hasta ponerla en movimiento sino hasta que sintiera estar en movimiento, viva y tendida a todo el vivo esplendor de vivir, de estar vivo, y no apenas seguramente su concepto de ello, su presencia y no su intelección?
Hay transparencia allí, y no es etérea y lo es al mismo tiempo. Cuando se vela incluso. Es la transparencia que la deslumbrante invasión enamorada del mundo vivo produce en la viva carne humana, haciéndola humana. Es la transparencia de ser poseído y no poseer, ser hablado y no hablar, decir y no decir para decir en la luz, el mar, el viento, el cielo, el sol, la arena tibia que acompaña contorneándolo al pie que se hunde en ella, dándole una al otro su regazo, huella huidiza del ser humano esencial, humilde y milagroso, el primitivo, el moderno de ocasos y de albas. Los griegos, la justicia. Y a la vez, huella del mundo.
Teilhard como telar, como urdimbre, pero urdimbre de cáñamo o de mimbre. Y de barro, bendecido y bendito, como el que en manos del alfarero se hace inmemorialmente ánfora, inmediata y evidente, pura belleza ancestral, al mismo tiempo que con su contacto ese barro va volviendo más hombre al alfarero, más ánfora a su ánfora, más ánfora a su cuerpo. Un mundo insaciable y contenido, contenedor y que contiene, que nos contiene, nos tiene y nos conforma, nos tornea, nos forja dulcemente, muy muy dulcemente.
Luminosidad y transparencia fueron los valores a que acudió el gran poeta griego Odysseas Elitys, en su radiante discurso de recepción del Premio Nobel 5 (1979). Y supo enunciar también las claras consecuencias: debemos calibrarnos con respecto a “un sol moral”. Quince años antes, en aquellas tocantes palabras  dirigidas en plena dictadura (1964) a los escritores portugueses, de las que germinaría su reveladora Arte poética, dijo claramente Sophia: “Quien busca una relación justa con la piedra, con el árbol, con el río, es necesariamente llevado, por el espíritu de verdad que lo anima, a buscar una relación justa con el hombre. Aquel que ve el espantoso esplendor del mundo es lógicamente llevado a ver el espantoso sufrimiento del mundo. Aquel que ve el fenómeno quiere ver todo el fenómeno. Es apenas una cuestión de atención, de secuencia y de rigor. Y es por eso que la poesía es una moral.”
Vana esperanza es pues atreverse a intentar hablar de poesía cuando la poesía es lo que toca sin habérselo propuesto, lo que roza y entibia y aprieta y acaricia y conforma, da forma, con su orgánico impulso, como las bellas ondulaciones seductoras e infinitamente cambiantes que modula en las dunas el viento del desierto, si alguien lo sabe es el viento y lo es porque no se lo pregunta, como no se lo pregunta el poeta que se ofrece como el mundo a ese viento.


3

Cual revela en aquel prólogo que se impuso (libremente, pero se impuso) a André Breton en su significativo Martinica, encantadora de serpientes 6, yo también me he descubierto aquí llevado al menos por dos perspectivas de lenguaje. Una que se propuso no quedar solamente en información y otra, que no me atrevo a llamar poética, dejándose llevar por la oleada irresistible de que no se puede hablar de poesía sino en poesía, porque no se analiza a una evidencia sin destruirla. Quiera el amable, inaudito lector perdonarme estos arrebatos de sinceridad en el lenguaje. Es que no se puede hablar de Sophia sin sentirla, no se puede aludirla sin que el aliento milagroso y simplemente vivo de su voz encarnada nos posea, nos tiente también. Son los dulces riesgos y benéficos daños de tratar con la belleza y la justicia. No se roza la llama sin ahogarla, o quemarse. ¿Y de qué otra cosa, sino una llama viva, hemos estado hablando?

(3-4-2017)


1 Arte Poética / Poemas, de Sophia de Mello Breyner Andresen. Selección, traducción y nota de Rodolfo Alonso. Bilingüe. En revista “Fénix”, nº 12, Ediciones del Copista, Córdoba, Argentina, octubre 2002, páginas 85-123. (N. del A.)
2 Recherche de la base et du sommet, de René Char. Gallimard, París, 1971, pg. 5. (N. del A.)
3 Poesie, de Biagio Marin. Al cuidado de Claudio Magris y Edda Serra, bilingüe. Garzanti, Milán, 2010, pgs. 464-470. (N. del A.)
4 Años y leguas, de Gabriel Miró. Losada, Buenos Aires, 1958, pg. 116. (N. del A.)
5 Seis y un remordimientos para el cielo, de Odysseas Elytis. Traducción de Nina Anghelidis. Argonauta, Buenos Aires, 1983, pgs. 57-64. (N. del A.)
6 Martinica, encantadora de serpientes, de André Breton, con dibujos y textos de André Masson. Introducción y traducción de Rodolfo Alonso. Argonauta, Buenos Aires, 2010, pgs. 15-16.



24.4.19

SER SED



NOVEDAD QUE YA ESTÁ EN LIBRERÍAS
Rodolfo Alonso










SER SED
Poesía reunida 1993-2018

Introducción de Jorge Monteleone
Eduvim, 2019 Con “Ser sed” (1993-2018), Eduvim completa la poesía reunida de Rodolfo Alonso, una de las voces más reconocidas de la poesía iberoamericana,   de   quien   ya   editó   anteriormente   “Lengua   viva”(1968-1993) y “El uso de la palabra” (1956-1983). En este caso,“Ser   sed” incluye  sus libros  “El   arte   de   callar”  (2003),  “Poemas pendientes” (2010) y “A flor de labios” (2015), culminando con un nuevo libro inédito: “Poemas al gusto del día” (2013-2018). En su introducción al volumen dice el respetado especialista Jorge Monteleone: “Hace mucho tiempo que la vida acontece en la poesía de Rodolfo Alonso. Así la palabra encarna la vida y la vida es palabra encarnada. La palabra encarnada no como verbo divino,sino como testimonio. La palabra es lo que la vida atestigua, el modo   en   el   que   la   vida   misma   se   vuelve   testimonio.   Y   lo   que testimonia es lo que vive viviendo en la palabra que un  cuerpo nombra.”Y el gran poeta brasileño Lêdo Ivo afirma: “La evaluación del largo  trayecto   recorrido  por   Rodolfo   Alonso   conduce  al   lector   a establecer la abolición del escenario histórico y cronológico, para que el trabajo poético de uno de los mayores poetas argentinos (y latinoamericanos) de nuestro tiempo pueda dejarse ver en toda sunitidez, y en todo su misterio. En su condición de traductor –o mejor,de   Príncipe   de   los   Traductores–   participa,   como   co-autor   o   co-creador, de un proceso en que el trasplante de poemas extranjeros
a su lengua natal corresponde a  una verdadera recreación. Les transfiere   esa   respiración   viva   y   alentadora   que   sustenta   suspropios versos.”Revelado como el más joven de la legendaria revista de vanguardia “poesía buenos aires”, su obra fue publicada en muchos países de América Latina, Bélgica, España,   Francia,   Italia,   Galicia,   Inglaterra.   Y   premiada   en   Argentina,   España,Venezuela, Brasil, Colombia. También ensayista, en su vasta tarea de traductor del portugués, italiano, francés y gallego, se destaca la primera versión al castellano de Fernando Pessoa y sus heterónimos. Así como la primera traducción de la poesía de Cesare Pavese. Junto con Klaus Vervuert, de los primeros en traducir a Paul Celan.