19.11.18





Premio Cervantes 2018

Mejor unas violetas para Ida Vitale

Por Rodolfo Alonso *






 “Los premios no escriben por uno”, me dejó caer alguna vez Juan Gelman, en uno de sus breves (pero sustanciosos) mensajes de texto. De ese nivel, de tal calibre había de ser también la montevideana Ida Vitale, a quien el Premio Cervantes 2018 se ha honrado al premiarla. Seguramente ha de haber recibido con calma la noticia, en el silencio habitado que la envuelve, quizá con esa misma inolvidable sonrisa tierna y levemente triste con que nos regaló aquí, al citarnos de paso, para tanto tiempo de sosegado diálogo “cuyo tibio recuerdo”, como bien diría ella después, “persiste en aquella noche de un Buenos Aires, después de mucho recobrado”.
Y aquí volvimos a encontrarnos, sin cita previa, cuando coincidimos espontáneamente en el Festival de Poesía de la última Feria del Libro, donde ella vino hacia mí con los brazos abiertos, desde lejos, mientras  yo la buscaba entre la gente. Y luego me esperaba sentadita, abrazada al grueso ejemplar de su “Poesía reunida” que quiso dedicarme, a pesar de dudar por ser el único, cuando su hija Amparo le aseguró que pedirían otro en el stand de la editora.
¿Cómo no nos iba a dar un enorme alegrón y al mismo tiempo sorprendernos, cimarrones como somos, que un premio de a veces tan estruendosos relumbrones le haya tocado, ahora, a una de las más recoletas, ceñidas y acendradas voces de nuestro sur, de nuestro sur del Sur? ¿Cómo no nos iba conmover que fuera a una uruguaya, es decir la otra orilla de esa cuenca rioplatense que compartimos con nuestros hermanos orientales, a la que solían imaginarse tiempo atrás como preferentemente inclinada hacia la introversión y la melancolía?
Al encarar la personalísima producción lírica de Ida Vitale, me resulta imposible no percibir de qué fecunda manera esta poesía que parte ---desde un comienzo--- de la absoluta, nítida, insoslayable conciencia de nuestra mortalidad (“Serás ceniza y no tendrás sentido” dice, quevedianamente), y por lo tanto de la consiguiente precariedad de nuestros actos (“La historia no se olvida y roe, roe”), se descubre a la altura de ese ineludible despojamiento con el no menos despojado ahondar de su palabra (“Puedo cantar / en medio del más cauto, / atroz silencio”) y, al mismo tiempo, de su propia vida (“Ahora estamos a solo, duro, / enemistado cielo”).
Sin la falsa vergüenza de que no la denuncie su propia entidad, su auténtico sentir, Ida Vitale ha logrado erigir la escueta carnalidad de sus textos a la vez concisos y jugosos, que no desdeñan la médula ni el hueso, y que encauzan en su lengua ese contagioso, desesperado y humanísimo aliento, ese jadeo de nuestra condición.
          Entre “un ramo de ruina” y “el gran árbol de luz”, con “ácida paciencia” la autora no sólo “trueca el duelo en canto”, sino que es capaz de experimentar ---y transmitirnos--- la densidad grave y no sólo fonética del lenguaje, de esas palabras a las que de forma tan tierna y tan lúcida llama “Hermanas, tristes nuestras”, a las que sanamente también concibe siempre al borde de la mortal retórica: “Un breve error / las vuelve ornamentales”. La pasión, a un tiempo enamorada y desolada que se percibe, vívida, en la escritura desnuda, árida y ávida de Ida Vitale, es a la vez (al unísono, como debe ser) una pasión de vida y de belleza, y no se entrega a la mortalidad sino para hacer de ella señales preñadamente contagiosas de la especie, modos de ser más ser, crudo y veraz lenguaje de los hombres, tenso y transido, que no nos seduce ni encandila. Vida escrita latente y lista a fecundarnos, de igual a igual, sin trampas ni añagazas: “Como este pájaro / que espera para cantar / a que la luz concluya, / escribo entre lo oscuro, / y cuando nada hay que brille / y llame de la tierra. / Inauguro en lo oscuro, / observo, escarbo en mí / que soy lo oscuro.”


* Poeta, traductor y ensayista argentino.






3.11.18

Cesare Pavese


Acaba de aparecer

El oficio de poeta




Ensayos escogidos de
Cesare Pavese

Selección y traducción de Rodolfo Alonso y Hugo Gola
Prólogo y apéndice de Rodolfo Alonso

Reedición ampliada y revisada

EDITORIAL DUINO




La primera edición de estos luminosos ensayos escogidos de Cesare Pavese, apareció poco después de su suicidio. Y alcanzó entonces tal trascendencia que, no sólo provocó sucesivas reediciones, sino que se mantuvo activa a lo largo de muchas generaciones. Aunque ahora reaparecen en un contexto quizá tan refractario como antípoda, creo que estas tocantes páginas pueden seguir resultando el contacto con una madura lucidez en relación con la gran poesía y, al hacerlo, con el mejor humanismo. Y frente a la sociedad burocrática del espectáculo, de la banalidad globalizada y del consumo autoritario, en pleno totalitarismo de mercado, sostienen una insospechada vigencia. Como contraveneno o como antídoto. Pero también como alimento y como recuperación. La inteligencia, es decir la razón, y también la calidez, la pasión, el temple intelectual y humano de Cesare Pavese pueden continuar ofreciendo hoy, cuando es más necesario que nunca, resiliencia, reparación, renacimiento.
         
Rodolfo Alonso




23.9.18

ENTREVISTA A RODOLFO ALONSO



LEDO IVO RODOLFO ALONSO NÉLIDA PIÑÓN 2006 Academia Brasileña Letras Palmas Académicas

La Academia Brasileña de Letras
ENTREVISTA A RODOLFO ALONSO


por Marco Lucchesi




(Uno) Su amistad con Brasil es una de las páginas más expresivas de su biografía. ¿En ella se profundiza su ancestralidad ibérica, como si Brasil y Argentina reivindicasen un estrecho parentesco, no siempre declarado?    
          Como a todo lo largo de mi vida, las cosas simplemente me ocurren, nunca son fruto de un plan o de un proyecto. Yo me descubrí profundamente ligado con Brasil desde que tengo memoria, desde mis primeros años.
          La contagiosa personalidad y diversidad de la vida cultural y social del pueblo brasileño, la sensualidad expresiva de su lenguaje y de su música, me sedujeron pronto. De hecho, los primeros poetas que traduje fueron los grandes modernistas brasileños. Y a pesar de mi innata timidez trabé amistad con Carlos Drummond de Andrade y Murilo Mendes,  que me hicieron llegar sus libros y sus cartas. Y ese fue sólo el comienzo.
          Desde entonces hasta hoy, traduje y difundí la gran literatura brasileña en castellano. Y conocí Brasil, invitado a Bahía, Curitiba, Passo Fundo, Brasilia, Belo Horizonte, Ouro Prêto, Rio. Y experimenté, así. la maravillosa sensación de sentirme al fin inmerso en ese planeta vivo que es Brasil.
          Sólo mucho más tarde intuí a qué podía deberse acaso todo eso. De padres gallegos e infancia bilingüe, el primero de los míos nacido en Buenos Aires, si tuve algún don fue el de lenguas, el de oído. Nunca necesité aprender portugués. Quizá en mi sangre venían aquellos trovadores que cantaban en galaico-portugués mucho antes de que existieran las naciones.
          En 1984, tras la dictadura, me tocó asistir emocionado al primer encuentro de los presidentes Sarney y Alfonsín donde se cimentó el Mercosur, reuniendo a Argentina con Brasil. Tan sólidamente que son ahora motor de la Unasur, entre las nuevas democracias soberanas de nuestro continente, unidas como nunca y como nunca atentas cada una a su propia identidad, a su propio camino dentro del destino general, en su gran mayoría ampliando las libertades constitucionales y los derechos humanos con la inclusión popular y la justicia social. Me alegra mucho eso.





 RODOLFO ALONSO con LEDO IVO y JUAN GELMAN México DF 2008 foto Javier Narváez (1)

(Dos) ¿Como primer traductor de Fernando Pessoa en América Latina, ya daba muestras de cuál iba a ser su carta de navegación?
Deben haber sido, supongo, mis primeras traducciones de grandes poetas brasileños lo que hizo que, siendo tan joven, me pidieran seleccionar y traducir a Pessoa cuando aún era casi desconocido, incluso en Portugal. Ese mismo año me encargaron la poesía completa de Cesare Pavese. Y una novela de Marguerite Duras. Y al año siguiente una amplia antología de Ungaretti. Con sólo eso, de entrada, era evidente (aunque no lo supiera) que mi destino ya estaba fijado. Escribir, y también traducir poesía. Que muy probablemente es otra forma de escribirla, ¿no?.





 LEDO IVO y RODOLFO ALONSO 2006 Academia Brasileña Letras Palmas Académicas (1)

(Tres) Otra marca de su trayectoria fue la revista de vanguardia “Poesía Buenos Aires”. ¿Más allá del gran papel desempeñaado por el grupo, qué  subsiste en su poesía? 
Como dije estas cosas me ocurrieron, jamás me las propuse. Introvertido y tímido, a mitad de la enseñanza secundaria, la noche antes de cumplir mis 17 años me descubrí convertido en el  más joven de la revista “Poesía Buenos Aires”. Fueron años fecundos y veloces, de entrega y crecimiento.
En un clima de humor, nada solemne, a lo largo de una década 30 números de una revista de vanguardia hecha por jóvenes unieron creación, traducción y reflexión alrededor de la poesía. Y se dijo que cambiaron la forma de vivir y escribir poesía, no sólo en la Argentina sino aún más allá.
Fraternidad y exigencia, fue lo que sentí me planteaban desde un inicio. Y es lo que siento me acompañó hasta aquí. Uno era admitido con absoluta libertad, entre bromas y risas, pero la poesía es una cosa seria.





 NÉLIDA PIÑÓN y RODOLFO ALONSO 2006 Academia Brasileña de Letras


(Cuatro) Su amistad con Aldo Pellegrini y todo un régimen de planos y desafíos estéticos que lo llevaría a los poetas franceses e italianos, ¿permanecen encendidos, como se puede ver en su libro “Defensa de la Poesía”?
          Al mismo tiempo que me integraba en “Poesía Buenos Aires”, fraternicé con los surrealistas. Entre ellos, Aldo Pellegrini, figura central, pionero del surrealismo fuera de Europa y en América Latina, fue muy generoso conmigo. Él me propuso, muy joven, seleccionar y traducir nada menos que a Pessoa y a Ungaretti.
          Pero el contacto, como experiencia viva, no apenas literaria, con los grandes de la poesía francesa (especialmente surrealistas) o italiana, junto con lo que bebía en lengua portuguesa, sobre todo en Brasil pero también en Portugal, surgían tanto de una como de otra fuente. Y muchas veces eran descubrimientos personales, que se compartían como una novedad alborozada.





(Cinco)  Cito al azar algunos poetas brasileños que tradujo: Manuel Bandeira, Dante Milano, Cecilia Meireles, Murilo Mendes, Alphonsus Schmidt, João Cabral, Drummond de Andrade. ¿Su taller de traducción, abierto en todos esos años, continúa activo para nuestra parte del mundo? 
También traduje a João Guimarães Rosa y a Mário de Andrade (tarea nada fácil). A Machado de Assis y Olavo Bilac. O a Anibal M. Machado. Y a Clarice Lispector o Vinicius. Y ese manantial no está cerrado. Todo lo contrario. Editorial Alción me publicó hace poco dos antologías: “Poesía escogida”, de Drummond, y “La poesía sopla donde quiere”, de Murilo, en las que cumplo un viejo sueño: reunir todo lo que traduje de cada uno. Pero Brasil no me abandona. No puede. Y yo tampoco puedo abandonarlo. De modo que seguiré incurriendo en traducción.





(Seis)  Me gustaría oírlo sobre Juan Gelman, su gran “compañero de viaje”, para usar la expresión cara a Alceu Amoroso Lima.
Juan Gelman, pocos años mayor que yo, me acercó su primer libro cuando ya me habían publicado un par de títulos. Al comienzo no fuimos tan asiduos, nuestras vidas no siempre se cruzaron. Todo cambió a partir de nuestro reencuentro, a medidos de 1994, en el caudaloso Festival Internacional de Poesía de Medellín.
Recuerdo que Juan me invitó casi secretamente a su hotel, donde me dedicó el bello “Dibaxu”, recién aparecido. A partir de allí, gracias a su desmedida generosidad, nos descubrimos muy unidos. Juan era un gran poeta, justamente celebrado, capaz de seguir jugándose en cada nuevo libro, sin decaer en retórica alguna de sí mismo. Y, algo tanto más extraordinario, absolutamente exento de cualquier vanidad y devoto servidor de la poesía (“La Señora”, como solía aludirla.) Y al mismo tiempo, no menos devoto servidor de la amistad, dueño de una amplia y fraternal acogida, de una cálida hospitalidad de brazos siempre abiertos.





(Siete) Su obra poética se constituye casi en un plano goetheano, atento a la filología de la “Weltliteratur”, en sintonía con las lenguas del mundo y de nuestro tiempo. ¿Cuáles serían sus próximos pasos?
No lo sé. Yo me dejo llevar. Siempre lo he hecho. Jamás hago proyectos. La poesía me ocurre, insisto. Y al mismo tiempo estoy siempre rodeado de trabajo. Y trato de ordenar, para volúmenes colectivos, la totalidad de mis libros de poesía. (Me cuesta decir “poesía completa”. Me suena a oxímoron.) Ya se han editado tres volúmenes: uno de Argonauta que reúne mis seis primeros libros, de extrema juventud: “A favor del viento” (1952-1956), y otros dos de Eduvim: “Lengua viva” (1968-1993), “El uso de la palabra” (1956-1983). Ese mismo sello universitario, Eduvim, tiene en prensa el cuarto y por ahora final: “Ser sed” (1993-2018).
Y aparecieron mis poemas entonces más recientes: “A flor de labios” (Alción, 2015). Así como se editaron nuevas traducciones de libros o antologías míos a otras lenguas: tres en Francia, una en Inglaterra, una más en Brasil, y dos en Galicia.
 También aparecieron o se seguirán publicado, junto con libros propios, nuevas traducciones en Argentina, Chile, México (Eugenio Montale, Fernando Pessoa, Dino Campana, Jacques Prévert, Sophia de Mello Breyner Andresen, René Char, Saint-Pol-Roux). Dirijo una colección, “La Gran Poesía”, para Eduvim (Editorial Universitaria Villa María). Siempre bilingües, ya salieron siete libros: Baudelaire, Campana, Apollinaire. Emily Dickinson, Miguel Hernández, poesía medieval italiana (Guinizelli, Cavalcanti, Angiolieri), un gran Pessoa. El octavo será Saint-Pol-Roux.
Tuve la suerte de ser editado, en Argentina y en más de una decena de países. Pero muy poco en la España posmoderna, nada en Portugal, y por segunda vez en mi amado Brasil. Penalux lanzó mis “Poemas pendientes”, con conmovedora introducción de mi viejo y querido amigo Lêdo Ivo, y espléndidamente traducido por Anderson Braga Horta.
Pero sólo debería dar las gracias. Busquemos primero ser dignos del don de la poesía, y todo lo demás nos será dado por añadidura..


Publicada originalmente en portugués en el nº 77 de la “Revista Brasileira”
 de la Academia Brasileña
de Letras, Rio de Janeiro, diciembre de 2013, pgs. 9 a 13.

19.9.18

IL RUMORE DEL MONDO


Franco Romanò

IL RUMORE DEL MONDO
                                                                    Rodolfo Alonso: Il rumore del mondo                                                  
                                                                               (poesie scelte 1952-2007), traduzione di
                                                                               Sara Pagnini, Ponte Sisto editore.

Il titolo dell’ampia antologia di Rodolfo Alonso pubblicata in italiano dice molto, anche per la sua coerenza nella scelta dei testi, distribuiti fra raccolte diverse su un lungo arco temporale che va dal 1952 al 2007. Alonso è un poeta del reale fisico prima di tutto. Luoghi, paesaggi, uomini e donne che in tale scenario si aggirano, soffrono, amano, attraversano la storia: questo è il rumore del mondo1. Giunto alla fine del percorso del poeta, due riflessioni mi sono balzate alla mente. La prima: solo in una terra di larghi spazi poco abitati e colmi di silenzio, possono nascere certe suggestioni naturalistiche. La prima poesia è già indicativa di questo: /È la pianura il figlio perfetto/ e dopo avere visto anche per una sola volta la Pampa, come per il momento è toccato a me, può capire subito perché essa sia il figlio (o la figlia) perfetta. Percorrendo la Pampa l’occhio si perde, l’orizzonte è una lontanissima presenza, il silenzio e gli animali sono dominanti, l’umano sembra ritirato in un angolo di meditazione necessaria.
La seconda riflessione me l’ha suggerita un verso riportato anche nella quarta di copertina dalla curatrice e traduttrice Sara Pagnini e che mi ha fatto venire in mente un altro poeta appartenente al continente americano ma del nord. Il verso dice:
/Io vi invito,/ a far camminare l’amore tra gli indifferenti/.
Tale verso mi ha ricordato quella che Wallace Stevens definiva la passione del sì, cioè la propensione, nonostante gli orrori della storia, a rivolgere lo sguardo alla vita nei suoi aspetti fisici, legati alla natura organica, alla terra e alla luce e naturalmente all’amore fra gli esseri umani.
Il testo antologico, come dicevo più sopra, copre un vasto arco temporale. Nelle prime raccolte il tema dominante è l’amore: La ragazza delle Isole Canarie, Fandango, Venti favorevoli. Sensualità appena accennata e delicatezza sono il tratto di queste liriche, ma è in Hiroshima mon amour che il tema amoroso si fa più intenso e anche drammatico. In scena ci sono un uomo e una donna come nel film omonimo:
una donna scende in disperato orgoglio dall’aria di casa sua/come figlia della pena feroce della furia piccola provinciale/il mondo contento arde quieto intorno a lei/canta all’interno di questa donna il mondo come una bocca di fuoco//un uomo lontano la contempla con occhi di disperato amore/quest’uomo è altri uomini è lo stesso amore cantando per sopravvivere/il mondo contento arde veloce intorno a lui/canta all’interno di quest’uomo il mondo come una bocca di fuoco/
Ciò che colpisce a una prima lettura è la simmetria fra le due scene. I due sono lontani e non si possono incontrare, ma la disperazione del mancato incontro proietta la sua ombra sulla tragedia di Hiroshima, sottolineato da un lessico che allude in modo esplicito all’esplosione atomica: pena feroce, arde, bocca di fuoco. L’incontro non può avvenire perché c’è di mezzo la storia. La poesia però non è finita.
quando la parola amore non avrà bisogno di essere proniunciata/amore in tutti i corpi disperati bruciando tranquilli/il mondo contento come una bocca di fuoco/una donna e un uomo lentamente intorno ad esso/ 
L’orrore non è nominabile e infatti il poeta non lo nomina, ma ci offre alla fine una metamorfosi. Le medesime parole che nella scena iniziale indicavano la tragedia, nella parte finale indicano un diverso fuoco e un diverso bruciare, intorno al quale le due figure precedenti potranno incontrarsi in un futuro che non sappiamo quanto lontano sia. La storia in quanto tale, entra raramente nell’opera, ma quando lo fa, come nel caso precedente, la scelta cade sempre su eventi emblematici, oppure fortemente meditativi. È il caso di  Al fondo della notte a pag. 75, dove il grido di un ubriaco diventa l’urlo di dolore di un mondo intero; oppure in Aria del perduto, (Pag.70), dove la ricerca di una misteriosa voce o della riva perduta diventano metafora di una ricerca di che ciascun lettore può ritrovare dentro di sé.
Quanto più ci si avvicina alle raccolte più recenti, non mutano i temi, ma cambia il tono. L’abbandonarsi e il perdersi nella natura è presente in un  testo come Scogliera, dove il vento, all’inizio della poesia, è visto nella sua essenza, ma poi subisce una metamorfosi alla fine della quale è il poeta stesso a identificarsi del tutto con lui: …Vento sono per questo. L’amore torna e rispetto ai testi delle primissime raccolte emerge la difficoltà delle relazione, insieme alla determinazione a non cedere però a ricercarlo sempre (Come due astri). Il tono meditativo è ormai una costante anche se in alcuni testi come  Udendo Gilgamesh e Un ramo è più accentuato:
Come fossi una roccia, l’impatto/del mondo mi levigherà/cinto dalla musica/moderata dagli astri?/ 
Anche il ramo dell’albero che reggeva/tra la pioggia e la nebbia/l’uccello cantore di stamani/fa parte della Storia
In queste brevi liriche, la delicatezza delle immagini ricorda assai anche quella di certe stampe cinesi e giapponesi, dove con pochi tratti si dà vita a un mondo. Nelle raccolte finali, tuttavia, la storia ritorna con il suo peso, ma senza vanificare, la resistenza sottile di una poesia che sfida il tempo.

UNA POETICA DELLA LUCE

Nel saggio introduttivo alla raccolta, Juan Gelman parla del fulgore che caratterizza molti di questi testi. In effetti la sensazione di essere quasi sempre immersi nella luce è una peculiarità che si percepisce leggendo; tuttavia, ci sono anche paesaggi notturni, scene dove l’ombra (non in senso metaforico ma reale) è presente. Il senso di lucentezza forse deriva allora da altro. Il peso della storia, con le sue rovine evidenti e che emergono dal testo raramente ma sempre emblematiche, non permette salvataggi a buon mercato di qualsiasi cosa. Alonso è consapevole di aggirarsi in una scenario di desolazione e non lo respinge ma cerca in quel contesto quali oggetti, parole, situazioni possono esser salvate e conservate per un futuro nel quale non bisogna smettere di sperare e prefigurare. La passione del sì alla vita è in definitiva questa: inutile rimpiangere un ordine del mondo che non esiste, ciò che conta è continuare a vivere anche in mezzo a queste rovine e far camminare l’amore fra gli indifferenti.   




  
1 Soltanto dopo la pubblicazione in italiano l’autore si è reso conto che, insieme alla traduttrice, erano stati entrambi traditi dal demone dell’omofonia. Infatti, la parola “rumor”, in castigliano, può significa anche “sussurro” o “mormorio”.  Naturalmente entrambi hanno convenuto che questi sono i rischi di ogni traduzione.  In quanto lettore e recensore di quest’opera posso aggiungere che io stesso ho pensato più volte che “mormorio” fosse una parola più adatta a rappresentare le atmosfere del libro. Aspettiamo allora una seconda edizione.




1 Soltanto dopo la pubblicazione in italiano l’autore si è reso conto che, insieme alla traduttrice, erano stati entrambi traditi dal demone dell’omofonia. Infatti, la parola “rumor”, in castigliano, può significa anche “sussurro” o “mormorio”.  Naturalmente entrambi hanno convenuto che questi sono i rischi di ogni traduzione.  In quanto lettore e recensore di quest’opera posso aggiungere che io stesso ho pensato più volte che “mormorio” fosse una parola più adatta a rappresentare le atmosfere del libro. Aspettiamo allora una seconda edizione.

19.7.18


EDUVIM
Editorial Universitaria Villa María



Colección
LA GRAN POESÍA
Dirigida por Rodolfo Alonso



Títulos publicados

Mi bella tenebrosa
Antología esencial
Chales Baudelaire

Cantos órficos
Antología
Dino Campana

La razón ardiente
Antología esencial
Guillaume Apollinaire

La asesina rubia
Antología poética
Emily Dickinson

DENTRO –de luz
Poemas en prosa juveniles
Miguel Hernández

La gloria de la lengua
Poesía medieval italiana
Guido Guinizelli
Guido Cavalcanti
Cecco Angiolieri

YO es otros
Antología esencial
Fernando Pessoa



En preparación

El inmortal futuro
Poesía escogida
Saint-Pol-Roux



YO es otros


Fernando Pessoa

YO es otros
Antología esencial

Selección, traducción, prólogo y notas de
Rodolfo Alonso

Edición bilingüe

Colección LA GRAN POESÍA
EDUVIM
Ediorial Universitaria Villa María





“La canonización universal de un poeta tan secreto, originalísimo y poco complaciente como el portugués Fernando Pessoa (1888-1935), no deja de resultar asombrosa. Sólo llegó a publicar un único libro: “Mensaje”, y fue durante muchísimos años tan imperceptible como su vida cotidiana. Que escondía algo insólito: la peculiar existencia en su yo de otros poetas, cada uno con su biografía y su estética propia, los heterónimos. Es decir, lo único que lo haría resplandecer, brillar, era lo escondido, lo oscuro, lo no visto. Y lo que le volvía único, era ser muchos. Aún sorprende la exquisita avidez, la delicada fidelidad con que tantos lectores, en esta era de banalidad globalizada, viven como descubrimiento personal, trascendente y enriquecedor, a este gran poeta distante, multifacético, exigente y oculto.”
RODOLFO ALONSO

16.7.18


Un reportaje en Venezuela a Rodolfo Alonso

 

 

 

 

 

EL HONOR DE SER CAPAZ DEL POEMA


En su número 66, fechado el 15 de febrero de 1987, la revista venezolana Poesía, publicada en la ciudad de Valencia por la Universidad de Carabobo, publicó las respuestas de un grupo de poetas latinoamericanos al cuestionario que fuera elaborado por Eugenio Montejo. Las que siguen pertenecen a Rodolfo Alonso.


¿Cuál es su opinión sobre la poesía latinoamericana en las actuales circunstancias?
La ambiciosa --y probablemente inocente-- desproporción de esta pregunta, sin duda debería inhibirme. Generalizar siempre es riesgoso, y hasta puede derivar en lo vacuo, en lo superficial. ¿Quién puede afirmar que se encuentra en condiciones, cuando más estadísticas, de haber leído todo --o aún suficientemente-- lo que se produce en nuestro maravilloso e infausto continente? ¿Quién podría aseverar que conoce a toda la poesía latinoamericana? Digamos, cuando menos, que en un momento de por lo general crasa lasitud y opaca anomia para la poesía occidental contemporánea, por contraposición el fervor y el hervor de nuestro continente se hacen palpables más en una ausencia, en la conciencia de una carencia, en la herida que es la poesía posible y que nos falta, revelados por lo mucho que se escribe poesía entre nosotros.
          Hay una verdadera epidemia de autores, pero me temo también que falte el criterio del valor. Como ya dije alguna vez, quizá el sentido de la presencia evidente de una poesía latinoamericana contemporánea sea este: representar amplios estados de ánimo colectivos antes que limitarse a algunas pocas cimas significativas. Al mismo tiempo, todo hace suponer que ciertos mitos acerca del poeta se van derrumbando lentamente. Ni ángeles caídos ni profetas redentores, los mejores entre los poetas latinoamericanos se van redescubriendo en la oscura selva viva del lenguaje, que no es distinta a la oscura selva viva del corazón humano y de la mismísima e incontrastable realidad.
          Abrumados por esa desmedida cuando no asoladora realidad, orgullosos de una estirpe que sin embargo no tiene ahora curso legal, dueños y a la vez deudores ante el mundo, hay sin duda poetas recientes en Latinoamérica que ya nos han dejado su señal. De la magnitud o de la persistencia de su brillo, de su resplandor en el mejor de los casos, del alimento de su luz o del alcance de su luz, también seremos todos un poquito responsables.
          Por enésima vez, digamos que la poesía no describe ni enuncia, que el poema es. En primer lugar, entonces, volvamos a la obra. La poesía escrita tiene una praxis concreta que no es otra, por supuesto, que el texto. Toda opinión, todo prejuicio, debe ser sostenido con la alusión al texto que lo avale. No es por los servicios prestados a una u otra causa, por los favores conquistados o los halagos merecidos que debe ser juzgada una obra. Aunque ella tenga también su vida propia, como organismo histórico, social y cultural, debemos esforzarnos en apreciarla ante todo como texto: es allí, en el desafío del lenguaje, donde todo valor y todo sentido han de encararse como evidencia para merecerse.

El llamado boom de la narrativa acrecentó el interés por la nueva literatura de este continente. ¿Cree usted que ello haya favorecido de algún modo a nuestra poesía?
Además de los innegables ingredientes que hicieron del publicitado boom de la narrativa latinoamericana antes otro lanzamiento comercial de la inefable sociedad de consumo que un auténtico acontecimiento cultural, digamos que Latinoamérica debe renunciar de una vez a sentirse condenada a esperar perpetuamente la reiteración de su descubrimiento. El verdadero descubrimiento de América será el que ella haga de sí misma, de su propia ventura y de su propio dolor, de su propio lenguaje y de su propia savia, y no el que quiera seguir viendo reflejado en los ojos del otro: conquistador, caudillo, general, patrón, desarrollado, superpotente.
          Quizá por ello la auténtica poesía latinoamericana (mirada nueva, limpia, fresca, original, mirada hacia sí misma, en sí misma) no pudo obtener ningún beneficio concreto del estallido del boom porque su misma esencia, su ser poesía y ser además latinoamericana, la hacía inviable para los carriles por donde circularon en cambio fácilmente otros productos. La poesía latinoamericana, por serlo, no resultaba ni útil ni rentable para los artífices del boom.

Tradicionalmente los poetas latinoamericanos, de expresión castellana, al contrario de lo que ocurría en otras lenguas, no nos han dejado --salvo excepciones-- aportes teóricos sobre poesía. Algunos, como Neruda, se rehusaron expresamente a hacerlo, reservando esta labor a los críticos. ¿Cuál es su parecer al respecto?
De ninguna manera pienso que pueda entenderse como obligatorio el hecho de que un autor reflexione teóricamente sobre su propia obra o la de otros. Pero creo también sinceramente que nadie puede sustituir como teórico al auténtico creador cuando se lanza a reflexionar. En esto, sin duda, volvemos a lo que ya afirmaba Baudelaire: ningún crítico llegará a ser poeta, pero todo poeta esconde a un crítico. Como naciones, como culturas, nos conviene que aflore urgentemente la mayor cantidad posible del pensamiento crítico que hay sin duda dentro de los poetas y de los artistas latinoamericanos.

Las tendencias líricas aparecidas en los últimos cuarenta años, las mismas que se hallan más o menos vigentes, se agrupan bajo lo que tentativamente Octavio Paz ha definido como la posvanguardia. ¿Está de acuerdo con esa denominación o prefiere emplear otra diferente?
Aquí, en cambio, me parece que el problema supera ampliamente a la pregunta. La cuestión no es cómo denominamos al fenómeno, sino si lo hemos comprendido y hemos asimilado lo que tenía de positivo, desechando por otro lado lo nocivo o negativo. Los movimientos artísticos no existen en el vacío, no tienen entidad si no se encarnan en obras. Son las obras, entonces, en primer lugar, y luego sus relaciones y sus significados culturales, las que deben preocuparnos, y no la forma de denominarlas. Salvo que esa denominación, ese nombrar, incluya, implique una nueva perspectiva, ilumine un nuevo ámbito, amplíe nuestro espacio para vivir y para crear. Modestamente, no creo que el vocablo post-vanguardia, apenas temporal o físicamente clasificatorio, alcance a superar o esclarecer las ambigüedades y contradicciones que ya el concepto de vanguardia, acuñado a comienzos del siglo XX, acarreaba consigo desde entonces.

En la época que vivimos, de amenazas universales y tensiones de pre-guerra atómica, ¿qué misión le asigna usted al poeta?
Otra vez, una pregunta de inocencia demoledora. ¿Cómo evitarse decir que todos quisiéramos que el poeta fuera capaz con su palabra a la vez de realizarse como persona y de ayudar a todos sus hermanos, de enunciar la palabra necesaria, imprescindible y única, la palabra a la vez tan íntima y secreta, húmeda todavía del silencio de los orígenes, emergiendo en una orilla virgen del universo, y también a la vez general, compartida, fraterna, solidaria, no tan sólo ofrecida sino también aceptada por los otros, que entonces la harían suya y le darían destino, aunque ese destino fuera el no poco glorioso de volverse sabiamente anónima, ya sin autor ni tiempo, encarnada en el fluir mismo de la vida y de lo humano?
          Ni traicionarse, pues, ni traicionar a los otros; y además, no traicionar la propia lengua, el propio idioma, el sonido que uno ha venido a traer al mundo. Y siendo uno ser la especie, tan bellamente bárbara e intuitiva como trágicamente condicionada por las culturas que se ha hecho o le han impuesto. Y ser la esperanza de un mañana mejor, la luz de la utopía sin la cual no merece la pena vivir. Y ser también, al mismo tiempo, la conciencia de nuestra irrisoria pero desmedida condición. Lo que somos, lo que podríamos ser, quizá lo que seremos.
          Pero bien sabemos que, por ahora, la única gloria honestamente deseable ya no es siquiera ni la de vivir en el corazón de los otros, de algún otro, sino más humilde y sabiamente el honor y el placer, la angustia y la ansiedad de haber escrito, de haber sido capaz del poema, que por nosotros circuló y ahora está vivo, fragante y tibio, latente carne de lenguaje, recién amanecido, temblorosamente inclinado, libremente tendido hacia los otros, hipócritas o no, semejantes, hermanos.