29.4.19

SOPHIA

Publicado el domingo 14 de abril



Sophia de Mello Breyner Andresen es sin duda la gran dama de la poesia portuguesa contemporánea

SOPHIA

Por Rodolfo Alonso * 


La canonización universal de Fernando Pessoa acarreó sin proponérselo una gran injusticia: opacar no sólo a sus contemporáneos y hasta a sus predecesores, sino a los otros grandes poetas portugueses del siglo XX. A lo cual contribuyó sin duda el largo período negro de la dictadura salazarista, forma lusitana del fascismo. Y fue bajo ese yugo (del que iba a liberarla en 1974 la legendaria “revolución de los claveles”, en cuyo clima libertario germinó probablemente el culto de Pessoa), que se formó el luminoso y hondo vigor, a la vez ético y estético, de los nuevos poetas de Portugal. Entre los cuales se destaca, sin duda, una mujer.
Sophia de Mello Breyner Andresen (1919-2004) fue sin duda la gran dama de la poesía portuguesa. En su escritura, sucinta y clara, medida y contagiosa, como en la indeleble luz mediterránea de los griegos que tanto amó, la belleza y la justicia no resultan más que una sola y misma musa. Arduo sería intentar aludir a la poesía de alguien que fue capaz de encarnarla, de manera honda, luminosa y cabal. No sólo en sus poemas, sino también en aquellas conmovedoras palabras con que agradeció, en plena dictadura, el Gran Premio de Poesía concedido por la Sociedad Portuguesa de Escritores a su Livro sexto (1964). Y que formarían parte luego de un texto clave,  ejemplar, revelador: su paradigmática Arte poética 1. Muy pocas veces ha sido dado poner de manifiesto la dignidad de la poesía, tan nítidamente: “La poesía no me pide exactamente una especialización puesto que su arte es el arte del ser. Tampoco es tiempo o trabajo lo que la poesía me pide. Ni me pide una ciencia, ni una estética, ni una teoría. Antes me pide la entereza de mi ser, una conciencia más honda que mi inteligencia, una fidelidad más pura de lo que aquella que puedo controlar. Me pide una intransigencia sin fisura. Me pide que arranque de mi vida que se quiebra, gasta, corrompe y diluye una túnica sin costura. Me pide que viva atenta como una antena, me pide que viva siempre, que nunca duerma, que nunca me olvide. Me pide una obstinación sin tregua, densa y compacta.”
Hay en Sophia una enorme luz, luz de la razón (ardiente) y del logos, sol vivo del lenguaje, de lo real y del espíritu. En la palabra de Sophia está la luz. Es decir, no habla de la luz. Está en la luz. Y es una luz generalmente meridiana, transparente, plena. Que por lo tanto implica también su sombra, ambas bien netas: “El sol es pesado y la luz leve. Camino por la acera junto al muro pero no quepo en la sombra. La sombra es una cinta estrecha. Sumerjo la mano en la sombra como si la sumergiese en agua.” 
  Y está también la concisión, la brevedad. Que siempre imaginé, sentí capaz de concentrarse para irradiar. Es una concisión de humildad digna, que no seca a los poemas ni los vuelve enjutos ni puritanos. Todo lo contrario. Es una brevedad que se ejerce, que se desarrolla para hacer decir más al lenguaje, a las palabras, siempre vivas. Una brevedad que se despliega, como la vida, preñando, cubriendo de fecundidad hasta las últimas estribaciones de la nada. 
Y es un dichoso lujo del despojamiento, acaso el único modo, para ella, no de ser ella misma sino de dejarse fluir en su ser ella en devenir, atenta y vigilante sin dejar de estar, al mismo tiempo, en estado de gracia, entregada. Es una desnudez que recibe y que da, una desnudez para recibir y para dar. Decir que Sophia es breve no es exhaustivo, ni convincente, o necesario. Y no es suficiente. Esa concisión no es austeridad. Es un lujo de lo esencial, pura “pobreza y privilegio”, como subraya René Char.
Me pareciera que bien podría estar hablando de Sophia cuando el agudo Pier Paolo Pasolini advierte que, la vasta obra de Biagio Marin (forjada en el idioma, no dialecto, de los escasos  pobladores de su pequeña isla natal, Grado, una joya viva en la luz del sol y del Adriático), sólo puede medirse con justicia en función de su mayor o menor cercanía con la gran luz del sol mayor que la origina, que es su fuente.
Pues nos dice Sophia, magníficamente: “La cosa más antigua de que me acuerdo es de un cuarto frente al mar dentro del cual estaba, posada encima de una mesa, una manzana enorme y roja. Del brillo del mar y del rojo de la manzana se erguía una felicidad irrecusable, desnuda y entera. No era nada fantástico, no era nada imaginario: era la propia presencia de lo real que yo descubría.”
¿Fue acaso el mar, entonces, como creo, quien la abrió a ese mundo, a la conciencia inconsciente de ese mundo, quien le abrió los ojos, deslumbrante? ¿Fue entonces el cielo limpio, inagotable, la arena infinita, inmemorial, el sol que nos templa con sus rayos, como creo, quien despertó su sed para abrevarnos, para abrevar en ella? ¿Fueron los griegos clásicos, presentes, con su presencia real, los dioses de deslumbrante humanidad, pero no simplemente leídos sino latentes, percibidos, en lo trágico y desbordante del mundo ser y de ser en el mundo?


* RODOLFO ALONSO - Poeta, traductor, ensayista. Libro reciente: “Ser sed” (poesía reunida 1993-2018), Eduvim, Córdoba, 2019.







Parecería que si: “El reino ahora es sólo aquel que cada uno por sí mismo encuentra y conquista, la alianza que cada uno teje.         Este es el reino que buscamos en las playas de mar verde, en el azul suspendido de la noche, en la pureza de la cal, en una pequeña piedra pulida, en el perfume del orégano. Semejante al cuerpo de Orfeo despedazado por las furias este reino está dividido. Nosotros buscamos reunirlo, buscamos su unidad, vamos de cosa en cosa.”
Y aquí se hace evidente lo que enunció Gabriel Miró: “Pero es que la palabra no sería deliciosa si no significara una calidad”. No fue en los libros, o no sólo en ellos por lo menos, donde Sophia bebió primordialmente. ¿Fue su sed de belleza y justicia, inescindibles, quien la condujo, suavemente, no hasta ponerla en movimiento sino hasta que sintiera estar en movimiento, viva y tendida a todo el vivo esplendor de vivir, de estar vivo, y no apenas seguramente su concepto de ello, su presencia y no su intelección?
Hay transparencia allí, y no es etérea y lo es al mismo tiempo. Cuando se vela incluso. Es la transparencia que la deslumbrante invasión enamorada del mundo vivo produce en la viva carne humana, haciéndola humana. Es la transparencia de ser poseído y no poseer, ser hablado y no hablar, decir y no decir para decir en la luz, el mar, el viento, el cielo, el sol, la arena tibia que acompaña contorneándolo al pie que se hunde en ella, dándole una al otro su regazo, huella huidiza del ser humano esencial, humilde y milagroso, el primitivo, el moderno de ocasos y de albas. Los griegos, la justicia. Y a la vez, huella del mundo.
Teilhard como telar, como urdimbre, pero urdimbre de cáñamo o de mimbre. Y de barro, bendecido y bendito, como el que en manos del alfarero se hace inmemorialmente ánfora, inmediata y evidente, pura belleza ancestral, al mismo tiempo que con su contacto ese barro va volviendo más hombre al alfarero, más ánfora a su ánfora, más ánfora a su cuerpo. Un mundo insaciable y contenido, contenedor y que contiene, que nos contiene, nos tiene y nos conforma, nos tornea, nos forja dulcemente, muy muy dulcemente.
Luminosidad y transparencia fueron los valores a que acudió el gran poeta griego Odysseas Elitys, en su radiante discurso de recepción del Premio Nobel 5 (1979). Y supo enunciar también las claras consecuencias: debemos calibrarnos con respecto a “un sol moral”. Quince años antes, en aquellas tocantes palabras  dirigidas en plena dictadura (1964) a los escritores portugueses, de las que germinaría su reveladora Arte poética, dijo claramente Sophia: “Quien busca una relación justa con la piedra, con el árbol, con el río, es necesariamente llevado, por el espíritu de verdad que lo anima, a buscar una relación justa con el hombre. Aquel que ve el espantoso esplendor del mundo es lógicamente llevado a ver el espantoso sufrimiento del mundo. Aquel que ve el fenómeno quiere ver todo el fenómeno. Es apenas una cuestión de atención, de secuencia y de rigor. Y es por eso que la poesía es una moral.”
Vana esperanza es pues atreverse a intentar hablar de poesía cuando la poesía es lo que toca sin habérselo propuesto, lo que roza y entibia y aprieta y acaricia y conforma, da forma, con su orgánico impulso, como las bellas ondulaciones seductoras e infinitamente cambiantes que modula en las dunas el viento del desierto, si alguien lo sabe es el viento y lo es porque no se lo pregunta, como no se lo pregunta el poeta que se ofrece como el mundo a ese viento.


3

Cual revela en aquel prólogo que se impuso (libremente, pero se impuso) a André Breton en su significativo Martinica, encantadora de serpientes 6, yo también me he descubierto aquí llevado al menos por dos perspectivas de lenguaje. Una que se propuso no quedar solamente en información y otra, que no me atrevo a llamar poética, dejándose llevar por la oleada irresistible de que no se puede hablar de poesía sino en poesía, porque no se analiza a una evidencia sin destruirla. Quiera el amable, inaudito lector perdonarme estos arrebatos de sinceridad en el lenguaje. Es que no se puede hablar de Sophia sin sentirla, no se puede aludirla sin que el aliento milagroso y simplemente vivo de su voz encarnada nos posea, nos tiente también. Son los dulces riesgos y benéficos daños de tratar con la belleza y la justicia. No se roza la llama sin ahogarla, o quemarse. ¿Y de qué otra cosa, sino una llama viva, hemos estado hablando?

(3-4-2017)


1 Arte Poética / Poemas, de Sophia de Mello Breyner Andresen. Selección, traducción y nota de Rodolfo Alonso. Bilingüe. En revista “Fénix”, nº 12, Ediciones del Copista, Córdoba, Argentina, octubre 2002, páginas 85-123. (N. del A.)
2 Recherche de la base et du sommet, de René Char. Gallimard, París, 1971, pg. 5. (N. del A.)
3 Poesie, de Biagio Marin. Al cuidado de Claudio Magris y Edda Serra, bilingüe. Garzanti, Milán, 2010, pgs. 464-470. (N. del A.)
4 Años y leguas, de Gabriel Miró. Losada, Buenos Aires, 1958, pg. 116. (N. del A.)
5 Seis y un remordimientos para el cielo, de Odysseas Elytis. Traducción de Nina Anghelidis. Argonauta, Buenos Aires, 1983, pgs. 57-64. (N. del A.)
6 Martinica, encantadora de serpientes, de André Breton, con dibujos y textos de André Masson. Introducción y traducción de Rodolfo Alonso. Argonauta, Buenos Aires, 2010, pgs. 15-16.



24.4.19

SER SED



NOVEDAD QUE YA ESTÁ EN LIBRERÍAS
Rodolfo Alonso










SER SED
Poesía reunida 1993-2018

Introducción de Jorge Monteleone
Eduvim, 2019 Con “Ser sed” (1993-2018), Eduvim completa la poesía reunida de Rodolfo Alonso, una de las voces más reconocidas de la poesía iberoamericana,   de   quien   ya   editó   anteriormente   “Lengua   viva”(1968-1993) y “El uso de la palabra” (1956-1983). En este caso,“Ser   sed” incluye  sus libros  “El   arte   de   callar”  (2003),  “Poemas pendientes” (2010) y “A flor de labios” (2015), culminando con un nuevo libro inédito: “Poemas al gusto del día” (2013-2018). En su introducción al volumen dice el respetado especialista Jorge Monteleone: “Hace mucho tiempo que la vida acontece en la poesía de Rodolfo Alonso. Así la palabra encarna la vida y la vida es palabra encarnada. La palabra encarnada no como verbo divino,sino como testimonio. La palabra es lo que la vida atestigua, el modo   en   el   que   la   vida   misma   se   vuelve   testimonio.   Y   lo   que testimonia es lo que vive viviendo en la palabra que un  cuerpo nombra.”Y el gran poeta brasileño Lêdo Ivo afirma: “La evaluación del largo  trayecto   recorrido  por   Rodolfo   Alonso   conduce  al   lector   a establecer la abolición del escenario histórico y cronológico, para que el trabajo poético de uno de los mayores poetas argentinos (y latinoamericanos) de nuestro tiempo pueda dejarse ver en toda sunitidez, y en todo su misterio. En su condición de traductor –o mejor,de   Príncipe   de   los   Traductores–   participa,   como   co-autor   o   co-creador, de un proceso en que el trasplante de poemas extranjeros
a su lengua natal corresponde a  una verdadera recreación. Les transfiere   esa   respiración   viva   y   alentadora   que   sustenta   suspropios versos.”Revelado como el más joven de la legendaria revista de vanguardia “poesía buenos aires”, su obra fue publicada en muchos países de América Latina, Bélgica, España,   Francia,   Italia,   Galicia,   Inglaterra.   Y   premiada   en   Argentina,   España,Venezuela, Brasil, Colombia. También ensayista, en su vasta tarea de traductor del portugués, italiano, francés y gallego, se destaca la primera versión al castellano de Fernando Pessoa y sus heterónimos. Así como la primera traducción de la poesía de Cesare Pavese. Junto con Klaus Vervuert, de los primeros en traducir a Paul Celan.


4.4.19

¿Quién de nosotros vuela?



DE INMINENTE APARICIÒN EN ESPAÑA





Rodolfo Alonso
CIEN POEMAS ESCOGIDOS
Antología personal (1952-2014)

El Gallo de Oro ediciones, Bilbao, 2019, 210 pgs.






Sin duda, una de las más ambiciosas antologías del reconocido poeta, traductor y ensayista argentino que se hayan publicado en España. Como anuncia claramente en su prólogo el gran poeta brasileño Lêdo Ivo: “La evaluación del largo trayecto recorrido por Rodolfo Alonso en medio siglo conduce al lector a establecer la abolición del escenario histórico y cronológico, para que el trabajo poético de uno de los mayores poetas argentinos (y latinoamericanos) de nuestro tiempo pueda dejarse ver en toda su nitidez, y en todo su misterio. En su condición de traductor –o mejor, de Príncipe de los Traductores, que promovió la travesía lingüística de tantos nombres contundentes o eméritos– participa, como co-autor o co-creador, de un proceso en que el trasplante de poemas extranjeros a su lengua natal corresponde a una verdadera recreación. En su faena de traductor, él les confiere una nueva respiración; un nuevo secreto; incluso un nuevo espanto. Les transfiere esa respiración viva y alentadora que sustenta sus propios versos.”


21.3.19

"Ser sed", poesía reunida 1993-2019, publicada en revista "Ñ" a toda página el sábado 15 marzo 2019




EL GRAN POETA PORTUGUÈS ANTÓNIO RAMOS ROSA
PRESENTA POR PRIMERA VEZ A RODOLFO ALONSO

Fue en la revista literaria “Bandarra”, 2ª serie, nº 1, Oporto, 1961, pgs, 33 y siguientes, precediendo una amplia antología traducida por el poeta Egito Gonçalves.


5.3.19





EDITAN BELLAMENTE EN GALICIA DOS LIBROS
DE RODOLFO ALONSO EN IDIOMA GALLEGO




Rodolfo Alonso
CHEIRO DE CHOIVA
Toda su poesía escrita en gallego
Prólogo de X. L. Méndez Ferrín
Edicións Barbantesa, Cangas, 2015, 80 pgs.






Rodolfo Alonso
TANGO DO GALEGO FILLO
Narrativa con tinte autobiográfico
Palabras de Ernesto Sábato
Edicións Barbantesa, Cangas, 2016, 126 pgs.




Pedidos a:

Edicións Barbantesa
info@rinoceronte.gal

Arnoia Distribuidora de Libros

También se encuentran en
Amazon o similares
y principales librerías




13.2.19

ACABA DE APARECER




Rodolfo Alonso

SER SED
Poesía reunida 1993-2018

Introducción de Jorge Monteleone
Eduvim, 2019



Con “Ser sed” (1993-2018), Eduvim completa la poesía reunida de Rodolfo Alonso, una de las voces más reconocidas de la poesía iberoamericana, de quien ya editó anteriormente “Lengua viva” (1968-1993) y “El uso de la palabra” (1956-1983). En este caso, “Ser sed” incluye sus libros “El arte de callar” (2003), “Poemas pendientes” (2010) y “A flor de labios” (2015), culminando con un nuevo libro inédito: “Poemas al gusto del día” (2013-2018).
En su introducción al volumen dice el respetado especialista Jorge Monteleone: “Hace mucho tiempo que la vida acontece en la poesía de Rodolfo Alonso. Así la palabra encarna la vida y la vida es palabra encarnada. La palabra encarnada no como verbo divino, sino como testimonio. La palabra es lo que la vida atestigua, el modo en el que la vida misma se vuelve testimonio. Y lo que testimonia es lo que vive viviendo en la palabra que un cuerpo nombra.”
Y el gran poeta brasileño Lêdo Ivo afirma: “La evaluación del largo trayecto recorrido por Rodolfo Alonso conduce al lector a establecer la abolición del escenario histórico y cronológico, para que el trabajo poético de uno de los mayores poetas argentinos (y latinoamericanos) de nuestro tiempo pueda dejarse ver en toda su nitidez, y en todo su misterio. En su condición de traductor –o mejor, de Príncipe de los Traductores– participa, como co-autor o co-creador, de un proceso en que el trasplante de poemas extranjeros a su lengua natal corresponde a una verdadera recreación. Les transfiere esa respiración viva y alentadora que sustenta sus propios versos.”



Revelado como el más joven de la legendaria revista de vanguardia “poesía buenos aires”, su obra fue publicada en muchos países de América Latina, Bélgica, España, Francia, Italia, Galicia, Inglaterra. Y premiada en Argentina, España, Venezuela, Brasil, Colombia. También ensayista, en su vasta tarea de traductor del portugués, italiano, francés y gallego, se destaca la primera versión al castellano de Fernando Pessoa y sus heterónimos. Así como la primera traducción de la poesía de Cesare Pavese. Junto con Klaus Vervuert, de los primeros en traducir a Paul Celan.





3.2.19





DESDE LA UNIVERSIDAD IBEROAMERICANA (TORREÓN, MÉXICO),
DESTACAN LA REEDICIÓN DE “DEFENSA DE LA POESÍA”, ENSAYOS DE RODOLFO ALONSO





Un día lluvioso de silencio

Por Daniel Lomas

Quizás la primera vez que Rodolfo Alonso se sentó a escribir un poema fue allá a finales de la década del 40, precisamente un día lluvioso. Y no es gratuito que haya ocurrido un día lluvioso. Dejó en el papel tres líneas concisas, reconcentradas, que seguramente le habrán quemado los ojos a aquel muchacho que por entonces no rebasaba los catorce o quince años de vida. Y entre ese acto iniciático de sentarse a escribir, empujado por quién sabe qué fuerza inaplazable, y la frase que a continuación transcribiré, surgida también de la pluma de Rodolfo Alonso pero varias décadas más tarde y ya en su etapa de plena madurez, hay una conexión no oculta sino evidente: “No se es realmente parte del universo cuando no se le ha experimentado con la piel. Y, lo sepamos o no, la poesía, la verdadera poesía, tiene que ver con eso”. De ahí que no resulta extraño que se haya sentado a escribir un día lluvioso. Porque, qué es la lluvia y qué es el olor que despierta la lluvia en los campos mojados, y qué el aroma que uno rastrea con olfato de amante en los alrededores del ombligo de una mujer, y qué las lágrimas con que nos arrasa la muerte cuando nos roba a los seres más amados, qué es todo esto sino una experimentación del universo a ras de piel. Pues, en efecto, la piel es también un órgano del conocimiento, un pararrayos de las revelaciones. 
Por fortuna ya cayó en mis manos un primer libro del argentino Rodolfo Alonso: Defensa de la Poesía. Obvio no es el primero que él publica (en su corpus poético se cuenta al menos una treintena de títulos e innumerables traducciones; fue, por cierto, el primero en verter al castellano a los heterónimos de Fernando Pessoa y continuó luego con un repertorio de poetas de gran talla: Pavese, Paul Celán, Ungaretti, Drummond de Andrade, Mallarmé, Baudelaire, Apollinaire, Antonin Artaud, Manuel Bandeira, Lėdo Ivo, Eugenio Montale y un larguísimo etcétera). Pero, ríanse de mí, Defensa de la Poesía es el primer libro suyo que leo. Por ignorancia, por azar, por deficiencia de las librerías, porque el mundo es vastísimo y la literatura no es de menor tamaño, en ocasiones uno suele tardar en dar al blanco con los escritores que vale la pena leer. No dudo que Rodolfo Alonso pertenezca a esa estirpe. Uno de esos escritores que valen por la autenticidad con que ejecutan su oficio, por la obediencia al mandato que les palpita en el pecho y los obliga a enfrentarse al solitario papel incluso en contra de su propia voluntad. Cierto que la autenticidad con que se ejercita un oficio es una cosa tan subjetiva que casi no podría rastrearse ni con la ayuda del detector de mentiras, pero en estos casos la intuición como lectores no nos desampara. Ya volveré a esta idea párrafos más delante.
Gracias al youtube (hoy tan vidente como el ojo de Dios o como el Aleph de Borges) he descubierto en la red un puñado de videos en que se ve y escucha charlar a Rodolfo Alonso. Vamos a ver quién es este hombre, poeta, traductor, ensayista, antiguo editor, crítico, narrador, que nació en Buenos Aires, Argentina, primer hijo de inmigrantes gallegos, y que vivió una infancia bilingüe. Hoy, hombre ya maduro, y a pesar de los cabellos nevados, luce fuerte y permanece activo en términos literarios, y al oírlo charlar en medio de una salita que probablemente sea la de su casa, encontré otra razón (no menos subjetiva) para que me cayera bien: no se nota en él pizca de petulancia, no hay en sus modales atildamiento intelectual. Sereno, pausado y con voz ronca, dice ser un hombre tímido, lo cual no deja de ser asombroso y loable en alguien con tantas horas de estudio a cuestas, sabedor acaso de que la poesía no está en los reflectores de la vanidad.
Hablemos, sin embargo, del libro Defensa de la Poesía. Que es una recopilación de sesenta y tantos artículos, comentarios y breves piezas ensayísticas, cómodos de leer en estos tiempos en que se recurre a lo fragmentario y lo aforístico, y que según entiendo aparecieron publicados paulatinamente en periódicos o revistas. El nervio del libro, obvio, es la poesía. Y satélites de temas variados giran en torno de ella: por ejemplo, se nos recuerda cómo la prosa poética se inició con Baudelaire tal vez para captar el ritmo febril de las ciudades, o cómo la infancia es un dulce país a donde el poeta puede volver desde su exilio, como lo sostuvo Rilke. O por ejemplo, se nos plantea cómo el poeta a veces elige esconderse debajo de alguna máscara: pensemos en los heterónimos de Pessoa, o en Juan de Mairena y Abel Martín, los alter ego de Antonio Machado (y aquí yo agregaría al mexicano Francisco Hernández, que en este rubro es genial); Defensa de la Poesía nos dice también que las peores enfermedades que padece el idioma castellano son la verborrea, la ampulosidad, la charlatanería, la grandilocuencia que rima con delincuencia, y, en cambio, los frutos más nobles se ganan en el recato y la hondura, en la concentración y la reticencia.
Por otra parte, y con más fuerza que una obsesión, hay una convicción que relampaguea a lo largo del libro: la idea de que el hombre es lenguaje: “No usamos el lenguaje, somos lenguaje.” Me veo remitido así a pensar que nuestra conciencia es un flujo imparable de palabras, como ya lo demostró Dostoievski con sus personajes de hiperactividad mental. Y Defensa de la Poesía nos recuerda también que la palabra nos hominiza, nos vuelve literalmente hombres.
Sin embargo, casi enseguida, Rodolfo Alonso nos fustiga con otra de sus convicciones cruciales. Trataré de explicarlo: él afirma que el lenguaje, botella al mar arrojada por un náufrago para comunicarse con otro náufrago, es impreciso, es aproximativo, es insuficiente, es ambiguo. Y así lo reitera firmemente en unas páginas y otras: la tara que padece el lenguaje es la ambigüedad. Qué extraño entonces, estamos hechos de palabras pero las palabras no bastan para decir lo que somos. No obstante, Rodolfo Alonso no se arredra ante esta limitación del lenguaje. Por el contrario, él confía en la ambigüedad de las palabras; confía, que es casi como decir que profesa una fe en la pata coja de las palabras, ya que al mismo tiempo considera (y esto deviene en una bella paradoja), considera, repito, que es precisamente a partir de esta limitación del verbo donde el poeta podrá encontrar la veta mineral de la cual extraer la cantera que edifica a los poemas. Gran exigencia pues y gran acto de magia: trascender el lenguaje con un salto desde los mismos vacíos del lenguaje.
Y quizás de todo esto se derive otra certeza más de Rodolfo Alonso: la de creer en la poesía no solamente como un acto de comunicación entre los hombres, sino como algo más profundo: una vía de comunión.
Por otra parte, Rodolfo Alonso sabe que, a la hora de las definiciones, la poesía es como un pez invisible que nada rápido y no se deja atrapar. Así que no da ninguna. Pero, en cambio, insiste en la necesidad de que el poeta afile sus armas: la exigencia, la precisión, la infinitud, el instinto, el cerebro, el oído, la honestidad consigo mismo, todo eso que minuciosamente deberá invertir en la práctica de su arte. La poesía no es pues ningún abanico para espantarse el calor o las moscas. Es más bien un juego en serio. Que exige una manera de vivir: de entrega absoluta a la llama del lenguaje.
Casi al final de su libro, Rodolfo Alonso nos zarandea con una gravísima disertación, en cuyo tono es imposible no escuchar el aliento de auténtica angustia que ahí resuena. Resulta muy complejo encapsular o reducir al máximo su inquietud en unos cuantos renglones, pero aquí va. Durante miles de años la humanidad ha vivido dentro de civilizaciones cuyo centro es el lenguaje. Sin embargo, después de la segunda guerra mundial, se ha extendido sobre el planeta una nueva cultura: han aumentado las sociedades de consumo, la ciencia ha favorecido el endiosamiento de la tecnología que no siempre se traduce en una búsqueda del bien común; se ha disparado la idolatría al dinero, la adicción a la banalidad, a los shows que ofertan los medios masivos de comunicación, y la seudocultura light, y con todo ello se ha desacralizado a la vida y al planeta. Y ahí no para el daño. Se ha perjudicado asimismo al lenguaje que ahora sufre una mutación o mutilación: ya no ocupa el centro de la vida en las civilizaciones. De ahí que, si enfrenta alguna crisis la poesía, que casi no cuenta con adeptos en el mercado o vende poco y es poco visitada, esto no se debe a una mera crisis del género, sino a algo más profundo: al daño contra el lenguaje que a su vez representa un daño contra la raíz del hombre, contra aquello que nos hominiza o humaniza, y cuyos estragos aún son insospechables. Así pues, Rodolfo Alonso remata su discurso con una pregunta desasosegadora que formulara el querido César Vallejo: “¿Y si después de tantas palabras / no sobrevive la palabra?”. Como verán, se trata de una angustia complejísima y casi apocalíptica la que él viene a tirar sobre la mesa de las discusiones, abierto al eco de los demás. Y he aquí la solución que ofrece: Rodolfo Alonso considera que solamente aquellos que sean capaces de reflexionar en medio de esta pesadilla de banalidad se volverán absolutamente imprescindibles.
Una vez que finalicé la lectura de Defensa de la Poesía, me intrigó una duda. Cada vez más convencido de que palabra y silencio son retoños del mismo útero, me pregunté qué pensaría este autor acerca del silencio. Buceé en internet, y miren el hallazgo que encontré a la mitad de una entrevista:
“El silencio valoriza con su halo a la palabra. Ese silencio que hoy, en esta sociedad del ruido ensordecedor, se ha vuelto casi subversivo. Sin silencio no se puede pensar, no se puede meditar, no se puede oír lo más profundo de uno mismo, lo que es a la vez individuo y especie. Y no se pueden oír tampoco las voces, la voz de la Naturaleza, de nuestra naturaleza. Sin silencio, intuyo, es imposible que pueda haber gran poesía”. Como supondrán, respiré felizmente aliviado después de su comentario.
En fin, decía que Rodolfo Alonso es un autor a quien vale la pena seguirle los pasos. Para mí, Defensa de la Poesía es apenas el picaporte de una puerta que habrá que franquear, pues me quedo con el apetito y el compromiso ante mí mismo de indagar más libros de este autor.
Ya para cerrar mi texto, agregaré una posdata con ánimo de que las últimas y primeras palabras en brillar sean las del argentino. Transcribo aquí un poema suyo, y me despido.





Déjà vu


Una mujer se desnuda en mi memoria
mientras afuera resplandece la ciudad
o llueve y hace frío
Una mujer lava su pelo negro con el agua de mi infancia
una distancia va formándose

Su piel es lenta y fresca como la mañana que acaricia
su voz se hace lejana

Una mujer me alcanza
el primer seno descubierto
el primer seno acariciado

Mientras adentro resplandece la memoria



(Revista “Acequias”, nº 67, mayo-agosto 2015,
Universidad Ibeoramericana, Torreón, México)





Bibliografía:

Defensa de la Poesía, ensayos de Rodolfo Alonso, Universidad Veracruzana, Xalapa, México, 2014

Defensa de la Poesía, ensayos de Rodolfo Alonso, Alción Editora, Córdoba, 2012


17.1.19

DESDE MÉXICO CELEBRAN LA REEDICIÓN DE DEFENSA DE LA POESÍA










DESDE EL CORAZÓN DEL HOMBRE
apuntes sobre el libro Defensa de la Poesía de Rodolfo Alonso

Por Nadia Contreras


Defensa de la Poesía (Universidad Veracruzana / Universidad Iberoamericana, Torreón, 2014) de Rodolfo Alonso (Buenos Aires, Argentina) es un libro enérgico, sacude, golpea con puño cerrado; es un homenaje a Percy Bysshe Shelley y a su título homónimo que se publicó en 1840, muchos años después de su muerte. Rodolfo Alonso escribe: “Que se sepa, entonces, al menos, no sólo que lo sé sino que me permito, muy modestamente, reiterarlo en su homenaje. Y en homenaje de aquella clara y valiente actitud suya de salir en defensa de la poesía aún en tiempos menos áridos y menos ácidos que éstos, los que hoy nos toca vivir”.
Compuesto por un total de sesenta y dos textos breves, un apéndice y un epílogo, este volumen, publicado dispersamente a lo largo de muchos años en diversos medios periodísticos, da testimonio de una vida dedicada al oficio poético. Es un libro íntegro, transparente, limpio. Pocos textos o conjunto de textos, logran tener este equilibro entre sus partes. ¿Qué vuelve importante este libro? La poesía como tema central y el hombre, su lenguaje. A través de estos el autor plantea la necesidad urgente de cambiar el rumbo de nuestras sociedades, retomar el camino resbaladizo que llamamos futuro.
Defensa de la Poesía, del poeta, traductor, ensayista y ex editor argentino, me recuerda aquellos apuntes de Henri Michaux sobre pintura. La poesía es pintura (o viceversa) y en esta confluencia la revelación adquiere sentido. Rodolfo Alonso y Henri Michaux parten de esa revelación que implica un paisaje transformado.
En primera persona, los textos de este libro forman un jardín, ese espacio de la infancia lleno de árboles, plantas, hierbas. El libro se puede leer libremente, saborear dependiendo de nuestra inquietud, nuestro deseo. Página a página, eligiendo al azar o intencionalmente. Voy a referirme en particular a cuatro temas que me parecen importantes:

Poesía-tiempo

El poeta debe mirar el tiempo, el tiempo de la poesía y sus generaciones. La poesía no es un espejismo aislado, un trazo aquí puede resultar más allá. ¿Puedo continuar yo los trazos de Michaux? La poesía es historia, sus vicisitudes, en mayor o menor medida, se trasladan al papel.
En “De generaciones”, Alonso apunta: “El aire de la época no afecta a todos por igual, bendito sea, y no es suficiente haber publicado más o menos en las mismas fechas para sentir o expresarse de forma similar. Pero también es verdad que hay líneas que se tienden, problemas que se perciben, cuestiones que se dirigen, más abiertas y francamente en una época que en otras. Y que en algunas ocasiones especiales llegan a impregnarla casi por entero. Lo cual no niega que el asunto muchas veces ya venga también de antes y lógicamente se continúe después”.
¿Cuáles son los temas de la poesía actual? “He escrito tantas veces del dolor que me cuesta controlar la alegría”, dice la poeta Luna Miguel.

El “yo”, o los otros “yo”

La palabra “clon” deja de ser relativamente nueva, para convertirse en algo que, incluso, es inherente al ser humano. Utilizando diversas técnicas: máscaras, disfraces, caracterización-suplantación de personajes y la escritura misma, el hombre se proyecta “a tal punto que puede tocarse”, según Otto Rank.
          El poeta, particularmente el poeta, tiende a la búsqueda de este tipo de conocimiento: la constante introspección. Henri Michaux es este tipo de personajes (justifico una vez más su presencia en este texto). El otro, los otros, se desdoblan como una nueva conciencia. Michaux escribe: “Muchedumbre en la conciencia, una conciencia que se extiende hasta perecer, que se desdobla, se multiplica, ebria de percepciones y de saberes simultáneos, para observar mejor sinópticamente y tener abrazados los puntos más distantes”.
Rodolfo Alonso, un tanto escéptico, hace recuento de este “alter ego”. Menciona a Rimbaud (“Yo es otro”), Fernando Pessoa, Juan de Mairena, Abel Martín, estos dos últimos de Antonio Machado. Sin embargo, más adelante, cede: “a lo largo de la evolución y el desarrollo de la misma cultura llamada occidental, con cuya historia —para bien y para mal— quiera que no se enhebra, la poesía ha ido manifestando y asimismo cuestionando, siendo y deviniendo —a la vez en la teoría y en la práctica— una idea del yo”.

¿Poesía escrita?

“Siempre me ha preocupado aclarar que, a mi modesto entender, es claro, la escrita es sólo una de las muchas formas posibles de la poesía. Que, como bien intuía el antaño sabio lenguaje popular, se encuentra (se descubre) poesía en muchas cosas, en muchos acontecimientos, en muchas sensaciones o sentimientos o vivencias”, afirma Rodolfo Alonso. No sólo hay poesía escrita. Esto lo vemos claramente en nuestros días. Hay un (re)surgimiento de la poesía visual no sólo en México. Relegada desde sus inicios de los espacios de estudio y divulgación, es una poesía atenta a nuestras sociedades.
Aunque el poeta no manifiesta optimismo por el rumbo de la poesía “avasallada por la gran tiranía del mercado y sus leyes de la oferta y la demanda, las estrepitosas charangas de los medios audiovisuales de difusión”, los poetas jóvenes, hablo de aquellos nacidos en los ochenta y noventa, han dado nueva imagen al poema. Mantienen blogs, revistas electrónicas, foros, etc., y culminan su propuesta en libros impresos. Hay, después de todo, un retorno al papel y a la tinta. En México, por ejemplo, David Meza; en Argentina, Natalia Litvinova; en Puerto Rico, Amanda Jayne. Y la poesía que se escribe en Europa, sin dejar atrás su tradición y sus grandes poetas. El tiempo, por supuesto, les brindará permanencia u olvido.

Utilidad de la poesía

¿Existe el oficio de poeta? ¿La poesía es un oficio? Oficio se entiende como una labor habitual que se realiza y en la cual hay o debe haber una retribución económica. En cualquier momento podemos abandonar y emprender otro. Rodolfo Alonso, en el texto “¿Para qué sirve hoy la poesía?”, a manera de apéndice, le asigna otra connotación, otra categoría en la escala de valores, Si este oficio, título que nos coloca de frente a Cesar Pavase, carece de  esperanza, entonces debemos redoblar esfuerzos. En cambio, decaerá el lenguaje humano, decaerá la condición humana, tomando las palabras del autor de un texto publicado en “La Jornada semanal”, el 22 de abril de 2007. 
Sus argumentos son: 1) La poesía ha dejado de ser testimonio y bandera, y se refugia, a la defensiva, acaso en sus últimos bastiones; 2) Los problemas que afectan a la expresión y a la difusión, a la existencia social y por lo tanto a la cultural de la poesía; 3) La crisis de la poesía que no sólo es de consumo o difusión sino de esencia y de apariencia; 4) La palabra, el lenguaje, que si pudo durante siglos hacer de su muy humana ambigüedad una cantera, hoy está afectado en su ser más íntimo. ¿Cómo lanzar un grito de alarma contra los daños ecológicos a la propia naturaleza humana? 5) ¿No habrá llegado el momento de plantearse también una ecología del espíritu, de la condición humana?
El intelectual posee herramientas más completas que le permiten reflexionar críticamente, pero no sólo el intelectual, no sólo el poeta viven “lo desbocado”. El cambio, radical, compromete a todos: “Por otro lado intuyo que no sólo a los supuestos intelectuales sino, en realidad, a cualquier hombre consiente de su propia condición le va a ser ineludible enfrentarse con gravísimos problemas de supervivencia”.
Una última pregunta: ¿qué puede hacer la poesía, el poema en su deseo fehaciente de decir, según Michaux? En esta otra escala de valores, ahondar, develar, iluminar la oscuridad del mundo “a fondo y totalmente”. La poesía, es la conclusión a la que se llega luego de leer este libro, debe humanizar al hombre. Sólo así, éste podrá ser corazón y lenguaje vital.


Defensa de la Poesía
ensayos de Rodolfo Alonso
Universidad Veracruzana, Xalapa, México, 2014

Defensa de la Poesía
ensayos de Rodolfo Alonso
Alción Editora, Córdoba, 2012


3.1.19

LA UNIVERSIDAD DEL LITORAL PUBLICA EBOOK BILINGÜE DE RODOLFO ALONSO



LA UNIVERSIDAD DEL LITORAL PUBLICA EBOOK BILINGÜE DE RODOLFO ALONSO








Se trata de “Olor a lluvia / Odore di pioggia”, poemas escogidos 1952-2002, de Rodolfo Alonso, con selección y traducción al italiano de Giuseppe Mascotti, prólogo del autor (Centro de Estudios Comparados de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Universidad Nacional del Litoral, Santa Fe, 2018).
Puede consultarse entre las novedades recientes de su portal:
El ebook aparece claramente y completo en la primera línea de Novedades.

http://www.fhuc.unl.edu.ar/portalgringo/crear/gringa/index_e.html

1.1.19

Entrevista a Rodolfo Alonso realizada por Demian Paredes en el site "Letras"






Entrevista a Rodolfo Alonso realizada por Demian Paredes en el site "Letras"



Rodolfo Alonso: “No dejar que la poesía muera”
Por Demian Paredes@demian_paredes

El hipervínculo es el siguiente:   

http://letras.mysite.com/dpar151218.html 



6.12.18


El oficio de poeta



Ensayos escogidos de

Cesare Pavese



Selección y traducción de Rodolfo Alonso y Hugo Gola

Prólogo y apéndice de Rodolfo Alonso



Reedición ampliada y revisada


EDITORIAL DUINO


La presentación del libro, es el 15 de diciembre a las 19 horas
México 620 - San Telmo


La primera edición de estos luminosos ensayos escogidos de Cesare Pavese, apareció poco después de su suicidio. Y alcanzó entonces tal trascendencia que, no sólo provocó sucesivas reediciones, sino que se mantuvo activa a lo largo de muchas generaciones. Aunque ahora reaparecen en un contexto quizá tan refractario como antípoda, creo que estas tocantes páginas pueden seguir resultando el contacto con una madura lucidez en relación con la gran poesía y, al hacerlo, con el mejor humanismo. Y frente a la sociedad burocrática del espectáculo, de la banalidad globalizada y del consumo autoritario, en pleno totalitarismo de mercado, sostienen una insospechada vigencia. Como contraveneno o como antídoto. Pero también como alimento y como recuperación. La inteligencia, es decir la razón, y también la calidez, la pasión, el temple intelectual y humano de Cesare Pavese pueden continuar ofreciendo hoy, cuando es más necesario que nunca, resiliencia, reparación, renacimiento.

21.11.18

Premio Cervantes 2018 Mejor unas violetas para Ida Vitale





Premio Cervantes 2018

Mejor unas violetas para Ida Vitale

Por Rodolfo Alonso *







 “Los premios no escriben por uno”, me dejó caer alguna vez Juan Gelman, en uno de sus breves (pero sustanciosos) mensajes de texto. De ese nivel, de tal calibre había de ser también la montevideana Ida Vitale, a quien el Premio Cervantes 2018 se ha honrado al premiarla. Seguramente ha de haber recibido con calma la noticia, en el silencio habitado que la envuelve, quizá con esa misma inolvidable sonrisa tierna y levemente triste con que nos regaló aquí, al citarnos de paso, para tanto tiempo de sosegado diálogo “cuyo tibio recuerdo”, como bien diría ella después, “persiste en aquella noche de un Buenos Aires, después de mucho recobrado”.
Y aquí volvimos a encontrarnos, sin cita previa, cuando coincidimos espontáneamente en el Festival de Poesía de la última Feria del Libro, donde ella vino hacia mí con los brazos abiertos, desde lejos, mientras  yo la buscaba entre la gente. Y luego me esperaba sentadita, abrazada al grueso ejemplar de su “Poesía reunida” que quiso dedicarme, a pesar de dudar por ser el único, cuando su hija Amparo le aseguró que pedirían otro en el stand de la editora.
¿Cómo no nos iba a dar un enorme alegrón y al mismo tiempo sorprendernos, cimarrones como somos, que un premio de a veces tan estruendosos relumbrones le haya tocado, ahora, a una de las más recoletas, ceñidas y acendradas voces de nuestro sur, de nuestro sur del Sur? ¿Cómo no nos iba conmover que fuera a una uruguaya, es decir la otra orilla de esa cuenca rioplatense que compartimos con nuestros hermanos orientales, a la que solían imaginarse tiempo atrás como preferentemente inclinada hacia la introversión y la melancolía?
Al encarar la personalísima producción lírica de Ida Vitale, me resulta imposible no percibir de qué fecunda manera esta poesía que parte ---desde un comienzo--- de la absoluta, nítida, insoslayable conciencia de nuestra mortalidad (“Serás ceniza y no tendrás sentido” dice, quevedianamente), y por lo tanto de la consiguiente precariedad de nuestros actos (“La historia no se olvida y roe, roe”), se descubre a la altura de ese ineludible despojamiento con el no menos despojado ahondar de su palabra (“Puedo cantar / en medio del más cauto, / atroz silencio”) y, al mismo tiempo, de su propia vida (“Ahora estamos a solo, duro, / enemistado cielo”).
Sin la falsa vergüenza de que no la denuncie su propia entidad, su auténtico sentir, Ida Vitale ha logrado erigir la escueta carnalidad de sus textos a la vez concisos y jugosos, que no desdeñan la médula ni el hueso, y que encauzan en su lengua ese contagioso, desesperado y humanísimo aliento, ese jadeo de nuestra condición.
          Entre “un ramo de ruina” y “el gran árbol de luz”, con “ácida paciencia” la autora no sólo “trueca el duelo en canto”, sino que es capaz de experimentar ---y transmitirnos--- la densidad grave y no sólo fonética del lenguaje, de esas palabras a las que de forma tan tierna y tan lúcida llama “Hermanas, tristes nuestras”, a las que sanamente también concibe siempre al borde de la mortal retórica: “Un breve error / las vuelve ornamentales”. La pasión, a un tiempo enamorada y desolada que se percibe, vívida, en la escritura desnuda, árida y ávida de Ida Vitale, es a la vez (al unísono, como debe ser) una pasión de vida y de belleza, y no se entrega a la mortalidad sino para hacer de ella señales preñadamente contagiosas de la especie, modos de ser más ser, crudo y veraz lenguaje de los hombres, tenso y transido, que no nos seduce ni encandila. Vida escrita latente y lista a fecundarnos, de igual a igual, sin trampas ni añagazas: “Como este pájaro / que espera para cantar / a que la luz concluya, / escribo entre lo oscuro, / y cuando nada hay que brille / y llame de la tierra. / Inauguro en lo oscuro, / observo, escarbo en mí / que soy lo oscuro.”


* Poeta, traductor y ensayista argentino.

3.11.18

Cesare Pavese


Acaba de aparecer

El oficio de poeta







Ensayos escogidos de
Cesare Pavese

Selección y traducción de Rodolfo Alonso y Hugo Gola
Prólogo y apéndice de Rodolfo Alonso

Reedición ampliada y revisada

EDITORIAL DUINO




La primera edición de estos luminosos ensayos escogidos de Cesare Pavese, apareció poco después de su suicidio. Y alcanzó entonces tal trascendencia que, no sólo provocó sucesivas reediciones, sino que se mantuvo activa a lo largo de muchas generaciones. Aunque ahora reaparecen en un contexto quizá tan refractario como antípoda, creo que estas tocantes páginas pueden seguir resultando el contacto con una madura lucidez en relación con la gran poesía y, al hacerlo, con el mejor humanismo. Y frente a la sociedad burocrática del espectáculo, de la banalidad globalizada y del consumo autoritario, en pleno totalitarismo de mercado, sostienen una insospechada vigencia. Como contraveneno o como antídoto. Pero también como alimento y como recuperación. La inteligencia, es decir la razón, y también la calidez, la pasión, el temple intelectual y humano de Cesare Pavese pueden continuar ofreciendo hoy, cuando es más necesario que nunca, resiliencia, reparación, renacimiento.
         
Rodolfo Alonso