14.5.12

La voz gallega de Juanele

Ñ.22             LITERATURA


                                       Juan L.Ortiz. Un autor fundamental de la poesíia argentina


Opinión
La voz gallega de Juanele


Rodolfo Alonso recuerda aquí un poema 
donde el maestro Juan L. Ortiz 
trabajó con la lengua de Galicia.

Si hubo una personalidad absolutamente original en la poesía argentina del siglo XX, fue sin duda la de Juan L. Ortiz (1896-1978). Afincado en su natal provincia de Entre Ríos, a la que literalmente abrazan dos grandes corrientes fluviales, el Paraná y el Uruguay, en su larga vida no salió de allí, salvo para alguna fugaz estadía en Buenos Aires y una inolvidable visita a su amada China.

Originalmente simbolista y libertario, sin perder mucho de ambas vertientes su vida y su poesía, que eran la misma cosa, fueron derivando luego, con mansedumbre y fortaleza, como las aguas pardas del gran río que siempre lo acunó, al mismo tiempo a un panteísmo casi budista y a una visión de la experiencia comunista que se convertía más bien en una comunión universal, donde los hombres no sólo se reconciliaban entre sí sino también con la naturaleza, los animales, las plantas, los árboles y el cosmos.

Pero todo eso supo hacerlo con una escritura profundamente original, no sólo por la minúscula tipografía en que decidió dactilografiarla y publicarla (siempre en sus propias impresiones artesanales, que nada tuvieron que ver con el comercio ni la industria editorial), sino también por su tratamiento del lenguaje y del silencio, por los tics y las alusiones, por el discurrir cada vez más fluyente y más vasto de un gran poema creciente, que no sólo lo aludiera sino que llegara a ser el río. Su río, el caudaloso Paraná. En ese transcurso, que en su espontáneo apartamiento provinciano dejó también olímpicamente de lado los premios, las comidillas, las astucias y cualquier ingrediente para otros habitual de la mal llamada “vida literaria”, a mediados de los años cincuenta tuvo la suerte de ser descubierto y comenzar a ser reconocido por algunos jóvenes poetas y escritores, que empezaron a crearle el atisbo de un renombre que luego iría creciendo poco a poco. Yo fui uno de ellos y, puedo asegurarlo, nunca olvidaré el profundo impacto que entonces me causó ver que una idea a la vez exigente y límpida de la poesía, con la cual soñaba nuestra adolescencia, había podido llegar a ser ejercida en una existencia concreta.

Pero no fue la única sorpresa que iba a darme Juan L. Ortiz. Cuando la Universidad Nacional del Litoral decidió reunir en un monumental volumen de más de 1.100 páginas su Obra Completa (Santa Fe, 1996), descubrí en un momento con asombro que en uno de sus poemas, tan originales, aparecía reiteradamente vivo y fluido, enhebrado con su castellano más que personal, el luminoso idioma de Galicia, de la cual nunca le oí hablar y con la cual nunca supe que hubiera tenido alguna relación, que ahora se me hace evidente. Se trata del que tituló “Pasó a través de la noche...” y, en su bello texto, obviamente como consecuencia del contacto con una “mujer o niña”, resplandece de nuevo aquella misma lengua gallega en la cual cantaron hace siglos los indelebles trovadores galaico-portugueses.

La lengua de la tierra

Se interroga allí Ortiz, a poco de empezar: “y de dónde esos ojos? / Venían, ciertamente, de las ‘veigas’ que los vieron / mojar sombras de ‘paxariños’, / allá, / y abrirles otras ‘follas’ al rocío, / allá / entre pestañas de ‘herbiñas’?”. Y el poema continúa luego desarrollándose con intensa levedad, con delicada hondura. Y a nosotros que tanto lo admiramos, y especialmente a mí, que soy hijo de gallegos y de infancia bilingüe, me quedará para siempre como dolorosa demanda sin respuesta el no haber sabido preguntarle a tiempo cómo se había gestado este milagro, de poesía y de vida, que tan naturalmente se incluye en el fluir de su palabra entrañable y que permanece sin duda como obra de arte absolutamente lograda pero también, ¿por qué no?, e incluso más allá de nosotros, como un implícito y bien cuajado homenaje a ese inmemorial instrumento de poesía que fue siempre la lengua de Galicia, la misma que su pueblo supo mantener viva y en ejercicio, a lo largo de siglos, contra toda opresión y toda injuria, para que comenzara a renacer otra vez a partir de Rosalía de Castro.

Me resulta profundamente conmovedor, no sólo el tono, la densidad, el timbre con que esos diminutivos y esas eñes tan constitutivas, orgánicas de la lengua gallega se incorporan, natural, íntimamente, con el peculiar castellano del gran poeta sino, también, la no menos sutil (y para mí previamente inimaginable) calidad con que además conviven allí esas aguas, ese verdín, esas algas, ese “mojar sombras” que tan nítida y tan honradamente se integran con los mitos y símbolos que tan bien representan, como bella metáfora, la belleza húmeda y verde de la tierra gallega, mojada por el mar y las cien lluvias.

Publicado en Ñ Revista de Cultura nº 448, el sàbado 28 de abril de 2012

21.4.12

GELMAN Y ALONSO EN MÉXICO


Rodolfo Alonso con Lêdo Ivo y Juan Gelman, México, 2008 (foto: Javier Narváez)


Especialmente invitados a Xalapa (México), por la Universidad Veracruzana, los poetas Juan Gelman y Rodolfo Alonso participarán en su Feria Internacional del Libro Universitario.

Alonso no sólo presentará sus “Poemas pendientes”, con prólogo del poeta brasileño Lêdo Ivo (editado por la UV), sino que participará en la presentación de la “Obra reunida”, de Juan Gelman (Fondo de Cultura Económica). A quien acompañará también en su recital de poemas.
Además, Rodolfo Alonso ofrecerá una charla sobre “Poesía, lenguaje y traducción”, a solicitud de las Facultades de Letras y de Idiomas de la UV.

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11.4.12

Rodolfo Alonso en México

ACTIVIDADES DE RODOLFO ALONSO EN LA

UNIVERSIDAD VERACRUZANA (XALAPA)

Especialmente invitado por la Universidad Veracruzana, el poeta, traductor y ensayista argentino Rodolfo Alonso participará de su Feria Internacional del Libro Universitario.

Con las siguientes actividades:

3 de mayo

10:00 a 11:00 * Salón Azul de la Ex Unidad de Humanidades de la Universidad Veracruzana

Conferencia sobre “Poesía, lenguaje y traducción”, a solicitud de las Facultades de Letras y de Idiomas

Participa: Rodolfo Alonso

3 de mayo
20:00 a 21:00 horas • Galería de Artes Plásticas, Unidad de Artes
Presentación del libro “Poemas pendientes”, de Rodolfo Alonso, editado por la Universidad Veracruzana
Participan: Jorge Lobillo y el autor

5 de mayo
20:00 a 21:00 horas • Auditorio de la Facultad de Música, Unidad de Artes
Presentación del libro “Obra reunida”, de Juan Gelman, editado por el FCE
Participan: José Luis Rivas, Rodolfo Alonso y el autor.

Modera: Agustín del Moral

6 de mayo
14:00 a 15:00 horas • Foro al aire libre, Casa del Lago
Recital de poesía
Participa: Juan Gelman.

Presentan: José Luis Rivas y Rodolfo Alonso

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29.3.12

Poema de Rodolfo Alonso

Oui, Madame, je m’appelle Lyon

El hombre hermoso y su perro cortejan a la fornida señorita.

El perro hace ejercicios de destreza para distraerlos, como si fuera un burgués amaestrado.

La fornida señorita, hija de la cortesía, amó al perro y se escapó con él para dedicarse a la piratería.

Mantuvieron una delicada amistad con el capellán dominico, pero el contramaestre los expulsó de la nave.

Desde entonces bogan.


RODOLFO ALONSO

1958

Incluido en su libro “Poemas pendientes”, prólogo de Lêdo Ivo (Alción Editora, Córdoba, 2010). Reeditado en México por la Universidad Veracruzana (Xalapa, 2011). En curso de traducción para su edición en Brasil (Topbooks Editora, Rio de Janeiro).

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26.3.12

Berni no se vende


Revista Magenta - Nº 195 marzo 2012

BERNI NO SE VENDE

Por Rodolfo Alonso *

Hace casi ocho décadas, en 1934, un artista que ya unía a sus inquietudes renovadoras un compromiso ético y político, sintió la necesidad de pintar un cuadro que denunciara la grave crisis que se padecía. Era Antonio Berni, ese cuadro se llamó Desocupados y ya era noticia: presentado al Salón Nacional, no fue admitido. Con sólo verlo se percibe que el rechazo no fue apenas estético, sino por la patente denuncia social implícita en la obra. A la vez, y en inconsciente reconocimiento de culpa, el jurado le adquirió -¿en compensación?- un retrato femenino.

Pasó el tiempo y Berni empezó a ser valorado. Pero sin que ocultara, en vida y obra, las injusticias de nuestra sociedad. ¿Cómo olvidar sus series de Juanito Laguna y de Ramona Montiel, donde lo artístico y lo humano se confunden, en un hallazgo que sin duda venía de las vanguardias, aunque ahora en otra dimensión? El collage con desechos industriales y urbanos se convertía a la vez en obra y denuncia, utilizando literalmente desechos como materia prima, convirtiendo desechos en arte para devolver la imagen de seres humanos convertidos en desechos por un mundo egoísta.

Esa doble actitud, estética y social, fue al fin reconocida y, en una época propicia, a mitad de los 80, todo el Museo Nacional de Bellas Artes fue dedicado a una merecida retrospectiva del maestro Antonio Berni. ¿Quién podía dudar, entonces, en el entusiasmo con que recuperábamos la democracia, y con ella la libertad de expresión y de crítica, que la obra de Berni como hombre y artista había sido asumida?

Pues bien, diez años después, en plenos 90, una famosa galerista pudo exclamar públicamente: “¡Por fin se lo ha reconocido como merece!”. ¿A qué se debía esa repentina exaltación, escrupulosamente recogida en los medios, por supuesto en la página financiera y no en la cada vez más deprimida sección de crítica de arte? Aquel cuadro Desocupados, que Antonio Berni firmara como vimos en 1934, había alcanzado la cotización más alta entonces para el arte argentino: fue vendido en 800.000 dólares.

Adormecidos como estábamos -algunos menos que otros- por la frivolidad posmoderna dominante, y envueltos en los valores de un ultra-individualismo más que pragmático, devastador, cuando (como en 1935 anticipó Discépolo con su indeleble Cambalache) “La panza es reina y el dinero Dios”, puede ser que no se hayan percibido los múltiples significados que esa mera noticia venía a plantearnos, como cultura y sociedad. Que acentuó un trascendido posterior de la misma galerista, también recogido por el sector finanzas de un matutino: “Hace diez años sólo valía 25.000.”

Quiere decir, en términos fríamente crematísticos que, por un lado, alguien había hecho buen negocio y, por el otro, alguien creyó que valía tanto dinero poseer ese objeto. Con qué fin, no lo sabemos. Dudamos que haya sido el simple -aunque sutil- gusto de la contemplación, que en este caso iba a ser tan solo individual o para pocos, pues el cuadro se expuso al público en un museo, que sería lo justo. Pero, como metáfora de la situación del arte desde aquel momento, el hecho se presta a muchas implicancias, incluso contradictorias.

Por ejemplo: ¿es el precio que logra en su venta, para nuestra cultura, la más alta valoración que le cabe a una obra de arte? La difusión de ese único tipo de evaluación, en un medio donde el principal criterio imperante era el poder del dinero, ¿no modifica la deseable actitud contemplativa que del público puede lograr esa obra? Y la obra misma, ¿no cambia de sentido con ese acto? O, por otro lado, ¿es aceptable que esas cifras se sigan abultando sin que su productor, el artista, obtenga de ello beneficio material alguno? Y, por el contrario, ¿puede el artista -así sea mucho después- aceptar que se evalúe en términos de dinero algo que tuvo otro objetivo? ¿Y cómo convive el artista con eso, no sólo en cuanto a su pasado, sino también a su futura producción?

Y lo que es quizá más emblemático: ¿cómo puede una obra de arte cuya finalidad precisa es la denuncia de una situación social donde el poder del dinero termina convirtiendo a amplias masas de personas en desocupados, terminar convirtiéndose a su vez en un objeto cuyo valor sólo se tasa precisamente en dinero? Y justamente cuando, en nuestro país, el mismísimo Mariano Grondona confesaba, en su columna internacional de “La Nación” el domingo 16 de julio de 1996: “es difícil eludir la conclusión de que la Argentina es el país de Occidente que más sufre el desempleo”. O sea, ¿no se convierte casi en siniestra parábola, en muestra de humor negro al revés, el hecho de que un cuadro cuyo objetivo explícito es denunciar el drama humano de los “Desocupados”, se convierta en apetecible botín de caza para compradores millonarios, precisamente en el momento en que ese mismo país estaba por llegar al clímax en sus índices de desocupación?

Me imagino la sonrisa levemente burlona del mismo Antonio Berni si pudiera escucharme. Y sé que alguien dirá: ¿por qué se sigue metiendo en esos bretes? ¿Para qué traer ahora esos problemas? ¿Qué tiene que ver eso con el arte? ¿Acaso no está bien que los pintores ganen? ¿De qué quiere que vivan los artistas? ¿No le gusta el dinero? ¿Qué clase de respuesta es la que espera obtener de todo eso?

Y sé que, sinceramente, sólo puedo responderles: lo único que me importa es que se puedan seguir haciendo ese tipo de preguntas. Me importa que sigan las preguntas. Probablemente como a aquel mismo joven Antonio Berni que, en 1934, sintió la viva necesidad de pintar un cuadro que se iba a llamar Desocupados.

* Poeta, traductor, ensayista.

Öleo de Antonio Berni: Los Desocupados______________________________________________________

22.3.12

El testamento de Atahualpa Yupanqui





Contratapa / Jueves, 22 de marzo de 2012
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El Testamento de Atahualpa Yupanqui

Por Rodolfo Alonso *

A veces me pareciera intuir que, como ya dijo Ortega para el hombre, también las cosas tienen su circunstancia. La capataza, ese libro de Atahualpa Yupanqui publicado en 1992, me llegó casi al mismo tiempo que la noticia de su muerte (ocurrida en Nimes, al sur de Francia, ese 23 de mayo) y, sin embargo, entre el auténtico dolor por semejante pérdida y las habituales efusiones de rigor que prodigaron los medios –en este caso, harto merecidas–, me sorprendí con la alegría de reencontrarlo, vivo, en esas páginas. Que eran una cabal reafirmación de su lirismo pero que, editadas apenas un mes antes de su partida, se volvían sin duda un testamento.

Bajo la clara metáfora del título, esa “luna del cielo” a la que nombra, tan sugestivamente, “capataza / de todo lo que amo y lo que dejo”, ese libro reúne textos y poemas de toda una vida tan íntimamente rica como generosamente prodigada. No por casualidad tuvo el orgullo y el honor, bien limpios, de lograr ser escuchado –aún fuera del país– sin desdeñar su hombría de bien, su dignidad de artista, creando con su sola presencia un aura de respeto leal y de calor humano, donde se recreó el antiguo diálogo del hombre con la voz y su música, con la verdad y su misterio.

Fue suyo y supo ser de todos, sin duda porque supo ser él mismo, con todo, íntegramente y, por serlo, puede ser tan nuestro. Separadas en aquel libro de su guitarra nítida, indeleble, de eso que constituye la canción lograda, sus palabras se revelan en su plena honestidad. Había en él también, y es comprensible, un don de lenguaje como había un don de oído, y esas páginas nos devuelven la nobleza pausada de su acento, el poderío de su lengua.

Nacido en la bonaerense Pergamino para 1908, a los siete años ya se afincó en Tucumán. De su padre ferroviario heredó la pasión de los viajes y, si anduvo todos los caminos, primero fueron los del Norte y la Argentina entera, luego la América limpiamente mestiza y, más tarde, Europa, Japón, el mundo.

Para mi infancia de porteño hijo de inmigrantes que buscaba (instintivamente) su identidad y que desde muy temprano intentó conocer el país, el temprano contacto con su personalidad resultó fundamental. Junto con el tango en su era de esplendor, allá por los cuarenta, el arte de Atahualpa Yupanqui y de otros como él (¿quién puede olvidar a Manuel Castilla y Cuchi Leguizamón?) me impregnaron, desde niño, como el más puro y auténtico folklore de este suelo. Sólo ya de muchacho, buscando entender, descubrí que esa música honda y contenida, que esa palabra encendida no era la voz anónima del pueblo, sino que tenía autor, autores, creadores.

Pero más adelante comprendí, ya adulto, que esos autores eran en realidad, de modo inmanente, recreadores, retransmisores de una sabiduría también honda y encarnada, que si se nos hacía propia a los que queríamos llegar a ser argentinos no dejaba de tener ancestros, muchas veces insospechados. Que esos ancestros fueran los indios primigenios, los auténticos naturales de estas tierras, no era sorpresa alguna, pero sí que se entremezclaran allí coplas y tonos y hasta instrumentos de otros orígenes, que inclusive se habían llegado a imaginar conquistadores.

La voz y la guitarra de Atahualpa Yupanqui (nombre de alta raigambre incaica, con que se rebautizó el que se llamaba Héctor Roberto Chavero) se convirtieron, con indudable señorío, en la evidencia de una identidad personalísima y en el renacimiento de una resonancia antigua y general.

Hoy, y no sólo asolados por su ausencia, se nos hará más difícil alentar una esperanza tan reparadora. Las fuentes antaño espontáneamente fecundas de la creatividad popular, mucho me temo que hoy parecen cegadas por los miasmas deletéreos de la sociedad de consumo masivo. Esa sociedad donde lo espectacular y lo estruendoso digitado por los medios conspira –cuando no la anula– contra la recogida comunión con un artista legítimo, que no apela sino a su voz y su guitarra, cantando casi como para sí mismo. Y, como puede comprobarse precisamente en las páginas de La capataza, fue el mismo don Ata quien lo percibió, ya el 30 de mayo de 1936: “Y en Buenos Aires el folklore seguirá siendo para algunos una misión, para otros algo que está de moda, y para la gran mayoría una industria”.

Como los desolados colegas que despidieron su ataúd en París, el 28 de mayo de 1992, cuando lo devolvían a su tierra, a su Cerro Colorado, no podemos dejar de sentirlo presente. El sabía, como tantas otras cosas, que los poetas “Sienten cuando los ronda de cerca el gran silencio; cuando se les va acercando, cada día, cada semana, como una sombra amplia, amada, nunca desconocida, el silencio”. Y por eso podemos decir de él, contra el silencio, lo que él supo decir a la muerte de Félix Pérez Cardozo: “Difícil será oír en adelante un arpa como la suya”. Sólo que poniendo en sus manos, claro, para siempre, la guitarra de siempre.

* Poeta, traductor, ensayista.

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9.3.12

Talleres

Temporada 2012

TALLERES DE REFLEXIÓN

Y CREACIÓN LITERARIA

A cargo del reconocido escritor

RODOLFO ALONSO

Premio Nacional de Poesía 1997

(junto a Juan Gelman)

Premiado en Argentina, España,

Venezuela, Brasil, Colombia, EEUU.

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* SEGUIMIENTO DE TEXTOS

6.3.12

Operación Pavese



Publicado en Revista Ñ - Literatura 06/3/12

Operación Pavese

En 1957, Cesare Pavese fue publicado por primera vez en la Argentina, traducido por Rodolfo Alonso, para quien el italiano sigue impactando por un trabajo abrumador sobre el estilo.

POR EZEQUIEL ALEMIAN

Cesare Pavese publicó en vida un único libro de poesía: Trabajar cansa. Hizo una primera edición en 1936 y una segunda, aumentada, en 1943. Se suicidó en 1950. Italo Calvino, que lo sucedió como editor en la casa Einaudi, publicó luego un segundo libro, con poemas que encontró entre los papeles que dejó Pavese: Vendrá la muerte y tendrá tus ojos, que salió en 1951. También a Calvino se debe el rescate de otros dos libros esenciales de Pavese: La literatura norteamericana y otros ensayos, y su diario: El oficio de vivir.

Edgard Bayley, que dirigía la colección de literatura de la editorial Nueva Visión, le encargó a Rodolfo Alonso, entonces el más joven de los integrantes de la revista Poesía Buenos Aires, armar una antología de ensayos de Pavese. Alonso le propuso hacerla con Hugo Gola, y Bayley aceptó. Alonso y Gola tradujeron La literatura norteamericana y dos ensayos que hay al final de Trabajar cansa: “El oficio del poeta” y “A propósito de ciertos poemas no escritos todavía”. El libro salió en 1957, y fue tal el impacto que produjo que inmediatamente tuvieron que hacerse varias reediciones.

Tres años después, Alonso publicaba, por Editorial Lautaro, su versión de Trabajar cansa y Vendrá la muerte y tendrá tus ojos, un verdadero acontecimiento, por lo que significó la literatura de Pavese para los lectores y escritores argentinos. La flamante reedición de este libro, por editorial Alción, sirve ahora para poner en perspectiva esos modos de leer y de concebir la poesía para Pavese y también para su traductor. Por eso hablamos con Alonso.

-¿Revisó las traducciones para esta nueva edición?
-No para esta edición. Seguí trabajando con Pavese durante muchos años. En 1961 yo estaba en plena vanguardia y no le prestaba atención al sonido de los versos, a su estructura prosódica, a los acentos. Son cosas de las que me fui dando cuenta con los años. Así que seguir trabajando con estos poemas lo sentí siempre como una obligación con Pavese y conmigo.

-¿Por qué fue tan leído?
-Había un contexto en los ambientes de izquierda que favorecía, si bien Pavese nunca había estado muy ligado a la política. El trabajaba en Einaudi, que era una editorial de izquierda, la del antifascismo, y ahora es de Berlusconi. El partido comunista italiano era el más grande de Europa y tenía una flexibilidad única, comparado con otros como el francés, muy estalinista. Existía una gran admiración por la literatura y la cultura italiana. Y también había una cuestión más conceptual. Pavese era un tipo muy culto. Decía que el poeta tenía que ser el más culto de sus contemporáneos.

-¿Hubo una influencia estilística de Pavese en la poesía argentina?
-Pavese era un escritor con una exigencia terrible y un trabajo de estilo abrumadores.Trabajar cansa es un libro hecho con un proyecto, con una estructura, que él llama “el cancionero”. Toda una arquitectura que tiene un sentido, en la cual los poemas se relacionan entre sí. Detrás de este proyecto estaba la idea de hacer una poesía narrativa. Lo narrativo no en tanto contar hechos, sino un poco como lo que hace Saer: una narración objeto. Por algo el libro de poemas de Saer se llama El arte de narrar.

-Pero los ensayos finales lo muestran incluso crítico con ese proyecto.
-Pavese era una persona muy crítica con él mismo y con los demás. Era muy difícil de tratar. Fue un solitario. Tenía el proyecto de hacer una poesía narrativa, con personajes incluso, pero al mismo tiempo, como les pasa a todos los grandes artistas, había cosas que se le escapaban. Valery dice del poema: “Esa prolongada oscilación entre el sonido y el sentido”. Pavese tiene poemas que son de un lirismo increíble, ya no narrativos. Y poemas de mitología. El mar del principio se va convirtiendo en un espacio mítico, y termina apareciendo Ulises.

-¿Se lo publicó en Poesía Buenos Aires?
-Uno de los Diálogos con Leuco, en el último número de la revista, que está dedicado a las musas. Pero la traducción de los poemas es un poco posterior. Ahora recuerdo que (Raúl Gustavo) Aguirre nunca ponía “traducción” en la revista. Siempre ponía “versión”. Versión parece hacer referencia a algo personal, diferente a la idea de traducción que había en esa época. En realidad siempre es “una” traducción, nunca es “la” traducción. Pero “versión” no volví a ver que se usara. A Macedonio Fernández hice publicar en Poesía Buenos Aires. Había encontrado un libro de poesías suyas editado por un paraguayo en México e hinché hasta que lo sacaron. Entonces Macedonio no estaba leído como poeta.

-Tal vez hoy resulta un poco difícil entender de qué se hablaba cuando se hablaba del humanismo de Pavese, ¿no?
-Probablemente ese humanismo sí se podría definir, pero no creo que sea posible transmitir con facilidad lo que encarnaba, que era una cantidad de valores por los cuales se murió inclusive. Tipos que arriesgaban la vida por escribir, por publicar, por pintar. Y las cuestiones políticas estaban directamente ligadas con eso. Dante Milano, un poeta casi desconocido, escribió que la finalidad de un gran poeta no es hacer una gran obra, sino hacer que la poesía continúe. Ese era un poco el espíritu de Poesía Buenos Aires. Y es la cita de Juan L. que Aguirre pone cuando hace la antología de la revista: “El canto viene de lejos/ de lejos y no se detiene nunca”. Hay mucho de presocrático en Juan L. Ortíz, como en Macedonio.

-En su libro de ensayos “No hay escritor inocente”, Macedonio y Juan L. aparecen tal vez como los dos poetas argentinos que usted más pondera.
-Sí. Porque son la poesía vivida a pleno, sin segunda intención. Ellos estaban en poesía. Hay cosas que me dijo Juan L. cuando lo conocí que no me olvido jamás. “El poeta, cuando habla de una cosa, es la cosa.” Yo lo repito, cambian las generaciones y no sé si se percibe lo que significa. En ambos hay mucho de la oralidad. Como dice Borges: “Qué morirá conmigo: una barra de azufre en un cajón de la cómoda en la casona del barrio sur, un charco de orina de una caballo blanco frente a una herrería, la voz de Macedonio Fernández”. Macedonio hablaba horas, Juan L. también.

-¿Es cierto que los integrantes de Poesía Buenos Aires no participaban de concursos ni escribían para suplementos?
-No se editaba con editoriales de prestigio, no se escribía en suplementos literarios, no se presentaba a premios literarios. Había normas éticas y estéticas que no estaban escritas, que se embebían con la práctica.
¡La beca Guggenheim! Con los yanquis no se podía hacer nada. Cuando llegué, me preguntaron si tenía poemas. Saqué un rollo, los leí, y me los empezaron a criticar. Era una cuestión de fraternidad y exigencia.

-Y esos imperativos éticos, ¿para qué?
-Hablamos peyorativamente de la literatura, como de una profesionalidad. Hacíamos otra cosa. Estaba en el aire una frase de Tzara: la poesía es una manera de vivir. Y de vuelta esa frase de Juan: el poeta es la cosa. Y las cosas no son gratuitas. Implican una serie de responsabilidades, de obligaciones. Lo ético y lo estético estaban unidos. Se podía ser poeta y otra cosa, pero no otra cosa y poeta. La poesía era una cosa seria.

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5.3.12

Rodolfo Alonso - Poemas pendientes



El título de este libro publicado recientemente en la Universidad Veracruzana, México, y sobre el cual escribe su compatriota Noé Jitrik, nos revela el espíritu juvenil del poeta Alonso.


RODOLFO ALONSO Y SU NUEVO LIBRO: “POEMAS PENDIENTES
(Universidad Veracruzana, Xalapa, 2012)

NOÉ JITRIK

Hace cierto tiempo pude leer una nueva antología de Rodolfo Alonso, “La vida entera” (Universitat de les Illes Balears, Palma de Mallorca, España, 2009), título fuerte y propio de un balance, y pude pensar un poco acerca de una obra que se ha mantenido coherente y fuerte durante cincuenta años. No es poco: las cifras redondas en materia de tiempo siempre sobrecogen pero también proponen una lección: o bien las afectan las debilidades o bien, como en este caso, nos muestran una invulnerabilidad. No sentí, en esa “vida entera”, ninguna caída, ninguna línea que me llevara a la compasión o al desdén. Al contrario, fue más bien un íntimo sabor alimenticio, un tránsito fácil de poema a poesía y de poesía a lo poético, punto de llegada en el circuito que liga dos subjetividades, la del que escribe y la del que lee, siempre alerta a lo que la puede despertar o dejar en una sombra indiferente.

Hoy vuelvo a otra reunión de sus “Poemas pendientes” (Universidad Veracruzana, Xalapa, México, 2012) y experimento sensaciones muy semejantes. Diría, para empezar, que la obra de Alonso resiste al tiempo y que todo lo que hay en este nuevo libro parece salir de un lenguaje propio de un hoy central, como si los poemas reunidos fueran resistentes al tiempo que pasó. Puedo esbozar una tímida explicación: esta dureza, para mí, resulta de una intuición personalísima, un encuentro con una voz que no necesitó afirmarse porque empezó firme y siguió así, la poesía de Rodolfo Alonso no conoce el desmayo.

Veo eso en ambos libros, por no mencionar su obra anterior, no sólo en lo que destellan las imágenes que brotan de los poemas sino porque no hay sobresaltos, la misma materia-emoción, que es lo que muchos teóricos consideran lo más propio de la poesía, reside tanto en los poemas más antiguos, sacados de un depósito que parecía entregado al olvido, como en los más recientes, que el poeta podía sentir como más emocionantes. Y si esto es así, lo es para mí, se traduce en un ordenamiento visible que entiendo como una puerta que me permite entrar en el conjunto: poemas extensos, casi con una tendencia a la narración, y poemas breves, de apariencia prosística, se suceden generando un ritmo que los ojos capturan y al que hay que entregarse, no es cuestión simplemente de leer lo que predican; y si la entrega se produce se produce por compensación una comprensión de lo que es la poesía, de lo que podemos imaginar qué es eso indefinible que llamamos poesía y que creemos reconocer.

En eso, si se trata más que de comentar un libro de hablar de lo que salta de él, reside la dificultad: ¿cómo hablar seriamente de poesía, qué decir que no sea una paráfrasis, una glosa de los temas más evidentes, un estilo o una escuela? Siempre improvisamos en este entrevero y también ahora y saldremos con bien de la mejor manera posible reconociendo las limitaciones y la pobreza de mi lenguaje frente a la riqueza del lenguaje que se nos ofrece.

Se diría, por empezar, que la libertad verbal, la arbitrariedad conceptual, están controladas por un espíritu de contención preciso y objetivo, incluso cuando los poemas precipitan las enumeraciones en catarata; el discurso está en expansión pero nada barroca sino límpida, así conocí su poesía anterior, así lo veo en este libro: “Poemas pendientes”. ¿Será caprichoso sacar de ahí una idea de lirismo, puesto que en apariencia los temas se suceden y la idea de inspiración sobrevuela de uno a otro, el lirismo como uno de los atributos más clásicos de la poesía?

Y, en consecuencia, me atrevo a afirmarlo: se trata de poemas líricos. Pero, a cualquiera se le ocurriría, ¿qué es el lirismo? En principio, pero superficialmente, es una exaltación del canto aunque en estos poemas no hay canto, no hay la música de la métrica y la rima, y sin embargo hay lirismo. Y, puesto que está la pregunta, me atrevo a una respuesta tentativa: el lirismo estaría en los temas, como por ejemplo el tan notorio del amor. Y en este tema me quedo: el amor no viene aquí exaltado, confesionalmente, porque quien lo expresa lo exalta y se embriaga al exaltarse, en la pura tradición romántica, sino como pérdida y, al mismo tiempo, con un interrogante, una búsqueda de respuestas en zonas comprometidas, no sentimentales, históricas: en la España republicana que forma parte del ejército de las pérdidas, junto a las literarias, en sus textos fantasmales, ese poema “Ocúpense de Arlt” lo manifiesta, y a las sociales, ese poema “Aquel Allende”. La pérdida ocupa la escena y el amor sólo es su motor; se trataría, entonces, de la pérdida el objeto y del revés del amor y de algo más y, creo, más importante, o sea las ausencias. Esta palabra es fuerte, remite al inconsciente y explica, tal vez y precisamente, la operación poética entendida como una necesidad de escritura que da lugar al poema.

La poesía, y eso no reza sólo para los poemas que sostienen la empresa de Rodolfo Alonso, surge entonces como una convocatoria de ausencias, de ésas que vienen de la experiencia y anidan en la memoria y la saturan pero que también residen en las palabras mismas sin las cuales el poema no existiría, las palabras, esos indispensables objetos que encarnan lo ausente por definición.

Pensar, entonces, en la experiencia poética que viene en un libro recién nacido: “Poemas pendientes”. Pensar, también, en lo que nos despierta. Y si nos despierta algo relacionado con este modo de existir, me refiero a la poesía, el acto de presentarla está cumplido, tiene tanto sentido como la lectura misma que podamos hacer.

* * *

Rodolfo Alonso

“La evaluación del largo trayecto recorrido por Rodolfo Alonso en medio siglo conduce al lector a establecer la abolición del escenario histórico y cronológico, para que el trabajo poético de uno de los mayores poetas argentinos (y latinoamericanos) de nuestro tiempo pueda dejarse ver en toda su nitidez – y en todo su misterio.”
“En su condición de traductor –o mejor, de Príncipe de los Traductores, que promovió la travesía lingüística de tantos nombres contundentes o eméritos– participa, como co-autor o co-creador, de un proceso en que el trasplante de poemas extranjeros a su lengua natal corresponde a una verdadera recreación. En su faena de traductor, él les confiere una nueva respiración; un nuevo secreto; incluso un nuevo espanto. Les transfiere esa respiración viva y alentadora que sustenta sus propios versos.”

LÊDO IVO

(Fragmento de su prólogo a “Poemas pendientes”, de Rodolfo Alonso, Universidad Veracruzana, Xalapa, 2012.).

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10.2.12

Mallarmé en Cuba




En traducción de Rodolfo Alonso

MALLARMÉ EN CUBA

El miércoles 15 de febrero, en la Feria del Libro de La Habana, Ediciones Matanzas presenta la edición cubana de “Cartas sobre la Poesía”, de Stéphane Mallarmé, con selección, traducción, prólogo y notas de Rodolfo Alonso. La portada reproduce un famoso retrato del gran poeta francés por su amigo Edouard Manet.

El libro fue editado originalmente por Ediciones del Copista (Córdoba, 2004), y reeditado en Venezuela (El Perro y La Rana, Caracas, 2009) y México (Ediciones de Medianoche, Zacatecas, 2010.)
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2.2.12

Desde siempre con Garzón

Desde siempre con Garzón

Por Rodolfo Alonso

Sin imaginar entonces lo que en estos momentos se está viviendo, el 1º de junio de 2010 publiqué en el diario "Página 12", de Buenos Aires, mi artículo "La victoria de Garzón". Que fue publicado, casi simultáneamente, en España ("Diario de Ferrol") y en México ("La Jornada Semanal"). Y reproducido en y por muchos otros medios.

Hoy, por desdicha, siento que se la puede seguir leyendo, incluso con mayor indignación. Por eso me permito transcribirla de nuevo en las líneas que siguen.

“Aunque haya debido pagar una vez más las consecuencias de sus iniciativas justicieras, aunque sus detractores y sus enemigos se feliciten entre sí estruendosamente, aunque se imaginen que han conseguido apartar de su camino ese obstáculo que tanto, tanto y tanto los irritaba, el juez Benjamín Garzón no ha fracasado.

“No ha fracasado, no, porque nadie podrá evitar que la sociedad española, y en consecuencia la democracia española, haya comenzando a hablar en alta voz, haya comenzado a discutir públicamente y continuará discutiendo en forma abierta lo que antes se quería acallar, borrar, tener al margen, censurar, suprimir, olvidar. Nadie podrá impedir que el pacto de silencio se haya roto, que las antiguas cicatrices, las viejas deudas de honor y de sangre, se hayan vuelto evidentes, hayan sido puestas de una vez y para siempre clamorosamente a la luz.

“Nadie podrá impedir lo que ya ha acontecido: los miles y miles de muertos anónimos, arrojados a la fosa común o al rincón olvidado, las víctimas del genocidio y del paseo fúnebre hacia las cunetas de la madrugada, los reprimidos y los exiliados, las víctimas de una dictadura que se imaginó capaz de construirse a sí misma un monumento (sobre los huesos y hasta con las manos de los vencidos torturados y humillados), han salido de una vez y para siempre a la discusión pública, han hecho de sus fantasmas carne viva, presencia ineludible, algo que quema, algo que no se puede ya eludir.

“No, el doctor Baltasar Garzón no ha fracasado. Como ya le ocurrió cuando fue el primero en pretender juzgar a dictadores latinoamericanos, a genocidas tan notorios como Pinochet y Videla, que hubieran preferido una y mil veces no verse expuestos de ese modo, y aunque las circunstancias parecieran apenas por un momento darles el gusto, ya que no la razón, el coraje civil del juez Garzón no ha fracasado. Porque los crímenes se discuten ahora abiertamente en la plaza, al aire libre, y hasta el enconado vociferar de tantos defensores de lo indefendible, como ciegos de lumbre, no haya logrado percibir que con sus propios gritos estentóreos han contribuido a que el asunto vea definitivamente la luz, a que la espantosa cuestión esté en debate.

“Los argentinos (los latinoamericanos) algo sabemos de desaparecidos. Algo sabemos de violaciones silenciadas, de memorias que se pretendían olvidadas, de bebés trocados como siniestras mercancías, de infancias que no se sabían creciendo en manos de los verdugos de sus padres masacrados. Y no ocurrió de golpe, no ocurrió de un día para otro, no fue por un milagro sino por una leve, lentísima y persistente gota de agua que poco a poco, sin cesar un instante, comenzó a horadar la piedra, comenzó a develar la memoria que preferían petrificada.

“Fue primero la valerosa ronda, solitaria y anónima, de unas madres desoladas alrededor de esa humilde pirámide no menos solitaria en la Plaza de Mayo. Fue luego, con sus más y sus menos, pero de forma prácticamente única en el mundo, el juicio a los principales responsables de la peor dictadura argentina en los primeros años de la democracia recobrada. Hubo después retrocesos y lagunas, intentos de volver atrás, de silenciarlo todo nuevamente. Pero no fue posible. Y en los últimos años hemos visto cada vez más magistrados capaces de hacer actuar a la justicia. Y hemos visto también, sobre todo, una maduración y crecimiento general de la memoria crítica, un dolor enorme hecho carne y conciencia en nuestra sociedad, y especialmente en nuestros jóvenes.

“Y en eso no algo, sino mucho le debemos también a Baltasar Garzón. Él acogió en España los reclamos de los familiares de las víctimas cuando no conseguían hacerse oír entre nosotros. Él supo pasar a la acción y generar conciencia. Por eso es desde Argentina que se escuchan muchas y muchas voces de apoyo a su reciente intento de comenzar a hacer justicia en su propio país.

“Desde la Argentina que vio llegar a cientos de miles de inmigrantes españoles, y después de 1939 a tantos exiliados republicanos, hoy no sólo podemos dar fe que actitudes como la del juez Baltasar Garzón no han fracasado. También podemos celebrarlo. Gracias a gente como él, de aquí hacia allá, de allá hacia aquí, los alevosos crímenes de tantas dictaduras contra los derechos humanos, no han caído ni caerán en el olvido. Hoy han cobrado ineludiblemente estado público. Hoy son memoria ya, memoria activa, tan ejemplar como imborrable.”

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Rodolfo Alonso, poeta, traductor y ensayista argentino, fue el primer traductor de Fernando Pessoa en América Latina.

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28.1.12

La Tasa Tobin y el efecto perverso

MUNDO PARADOJAL


La Tasa Tobin y el efecto perverso


Publicado el 26 de Enero de 2012 en Tiempo Argentino

Por Rodolfo Alonso
Poeta, traductor y ensayista




El efecto se da cuando una acción o medida prevista para conseguir un objetivo favorable termina provocando el resultado opuesto. Y también, a la inversa, que una intención malvada se convierta en benigna.

No es la primera vez que me toca confirmar la persistente vigencia de un concepto clásico de las ciencias sociales: el “efecto perverso”. Es decir, para simplificar groseramente, que una acción o medida determinada, prevista para conseguir un objetivo favorable, termine provocando el resultado opuesto. Y también, a la inversa, que una intención malvada se convierta en benigna.
Se decía, por ejemplo, que una de las primigenias leyes obreras del legislador socialista Alfredo Palacios, conseguida después de denodada puja con el objeto de aliviar la situación de las trabajadoras, tuvo como impensada consecuencia la reducción del empleo femenino. Y no es difícil imaginar que, en tiempos de la Guerra Fría, cuando los Estados Unidos y la Unión Soviética competían para ver cuál de ellos conseguía poseer el más catastrófico y apocalíptico arsenal nuclear, la Tercera Guerra Mundial no llegó a producirse (felizmente) porque el resultado no hubiera sido la victoria de nadie sino la destrucción de todos.
Pues bien, hoy tenemos frente a nuestros ojos, en los titulares informativos del mundo entero, llamativas y hasta resonantes evidencias del “efecto perverso”. Comencemos por ese inimaginable malentendido que hace que uno de los más dignos jueces españoles, Baltasar Garzón, capaz de defender tenazmente los Derechos Humanos dentro y fuera de su país, termine ahora suspendido y encausado él mismo por haber pretendido dar justicia a las víctimas de los crímenes del franquismo. Aunque también por haberse animado a investigar el caso Gürtel, paradigma de la corrupción en el derechista Partido Popular.
Pero no sólo eso. ¿Cómo admitir que la sociedad española, por ejemplo, que, como la de todos los países europeos está sufriendo en carne propia las consecuencias de las desoladoras medidas económicas neoliberales, adoptadas incluso por sus mal llamados gobiernos “socialistas”, y que llegó a producir de su seno el honroso movimiento de los “indignados”, haya decidido votar por inmensa mayoría a la misma derecha que le hará pagar duramente las consecuencias?
¿Cómo imaginar que otro gobernante de derecha, el premier francés Nicolas Sarkozy, después de haberse opuesto férreamente a ella desde 1997, se iba a mostrar hoy dispuesto a imponer finalmente la resistida Tasa Tobin a las transacciones financieras? ¿Y no sólo eso sino que cuenta, para ello, con el inimaginable apoyo de otra figura central de la derecha europea: la canciller alemana Angela Merkel? ¿Y que en su reciente viaje a Madrid haya conseguido el visto bueno del flamante presidente electo del gobierno español, Mariano Rajoy, un halcón de las derechas si los hay?
Lanzada significativamente en 1971, cuando el presidente Richard Nixon (liquidando al hacerlo los acuerdos de Bretton Woods) puso punto final al patrón oro para el dólar norteamericano, la idea de imponer una tasa a las transacciones financieras se debió al economista James Tobin, de cuyo apellido tomó su nombre. El mismo que, diez años después, recibiría el Premio Nobel de Economía. Y asimismo el que supo declarar que, con respecto a su tasa, “había sido mal interpretado.”
Su idea fue minuciosamente silenciada. Hasta que en 1997, y en París, el entonces director de Le Monde Diplomatique, Ignacio Ramonet, no sólo volvió a retomarla como una bandera destinada a combatir el hambre, la miseria, el analfabetismo y el subdesarrollo del planeta entero, sino que dio origen al movimiento que intentaría infructuosamente llevarla al triunfo: Attac, sigla de la Asociación por la Tasación de las Transacciones y la Ayuda a los Ciudadanos. Desde entonces, impulsada inicialmente por “el Dipló” pero luego por los movimientos y foros sociales de todo el mundo, la Tasa Tobin se convirtió en símbolo y modelo de la redistribución universal de la riqueza en un mundo injusto y desigual. Lo que trajo al mismo tiempo, como ineludible consecuencia, la tenaz oposición de las mafias financieras y de los poderes económicos concentrados que dominan efectivamente el planeta.
Sarkozy, Merkel, Rajoy ahora, es decir la crema de la derecha neoliberal europea, se muestran decididos a ponerla en práctica. Pero el gato escaldado huye hasta del agua fría. Y no pocos de sus tenaces defensores de antaño se preguntan, hoy, qué ha motivado este insólito cambio, este auténtico “efecto perverso”. No se ha llegado todavía a una clara conclusión al respecto. Hay quien piensa que este inesperado giro neoliberal a favor de la Tasa Tobin concluirá por transformar los objetivos de Attac: el impuesto no se destinará finalmente a los pobres del mundo. Y hay quien dice que el impuesto terminará siendo pagado por los clientes (es decir por los pobres), no por los bancos e instituciones financieras.
Sólo nos queda entonces esperar que, también ahora, a los gurúes de la derecha neoliberal les toque experimentar su propio “efecto perverso”. Y que este tiro les salga por la culata. Será justicia.


11.12.11

Rodolfo Alonso en el Festival de Medellín

Memoria Audiovisual del Festival Internacional de Poesía de Medellín.
Como dos astros
Bajo la música