28.1.14

CON JUAN, SIN JUAN



Por Rodolfo Alonso


Juan Gelman y Rodolfo Alonso. Medellín, 1994



Pasan los días. mas no cede la pena.

Emerjo muy lentamente del abismo de dolor en que me sumergió, la noche de ese martes 14 de un enero fatal, una agencia de noticias con el repentino, inesperado anuncio de su pérdida. “Sabemos que “fueron” muy amigos, queríamos una semblanza.”
No pude contestar. Sólo sollozos. Y el balbuceo entrecortado que ellos lograron anotar: “Recién me entero. No tengo palabras. Es un dolor muy grande. Una pérdida inmensa.”

Cuando hace poco nos habíamos visto, escrito, bromeado...

Pero de ese marasmo resurjo a pedazos, a veces, lentamente. Un poco por el sentirlo vivo dentro mío, muy vivo.
Y también al irme enterando, por briznas de noticias, por rumores, de su extraordinaria y corajuda decisión final, que lo revela culminando tal como era, de cuerpo entero.

Elegir el dolor y no alargar penosamente su existencia, no volverse un objeto para poder dedicar del todo sus últimos días sólo a escribir poemas, y a escribir poemas a la mujer amada, es algo excepcional, extraordinario, casi mítico, que culmina sí su vida pero coronándola como siempre vivió, como un valiente y como un poeta.

Y es aquí donde siento que yo, y también todos los que seamos capaces, dignos de percibirlo, estamos (todavía más) en deuda con él, que tanto tanto tanto nos ha dado.
Gracias siempre por eso, también, querido amigo, gracias por todo. Y gracias por entibiarnos, por endulzarnos un poco, con gesto semejante, este amargo trago de amargura.

Gente honrada me pide que elija unos poemas para recordarlo. Pero no logro todavía atreverme a abrir sus libros.
Me dejo llevar por marejadas de recuerdos.
El 3 de otro enero, pero de 1958 (la fecha está debajo de su firma) en nuestra Buenos Aires, Juan me viene a traer su primer libro: Violín y otras cuestiones. Y justo el primer poema de ese libro inicial, como muy bien se ha recordado, se titula “Epitafio”.
De cuando en cuando, ya en México, solía enviar algún poema. Que uno honesta y cálidamente agradecía.
Con el tiempo descubrí, no una sino varias veces, que era de nuevo su delicadeza enorme, porque ese mismo poema solía aparecer dedicado al pie en el libro subsiguiente.
Así ocurrió con un poema de título entrañable, revelador, casi un poema en sí mismo, un hallazgo verbal que es al mismo tiempo una evidencia muy íntima: “Entreshijo”.
Y justo vino a ser ese el único poema de los que me envió que no se publica dedicado, porque en El emperrado corazón amora su texto cubre totalmente la página hasta la última línea, con lo cual sin duda resultó imposible dejar unas pocas palabras accesorias colgando solas en lo alto de la página siguiente.
Y ya que abrimos con el primero del primer libro, cerremos con el poema final del último libro publicado: Hoy.
No puedo hacer nada más, por el momento.

Entre bromas y veras, Juan solía aludir (privada e incluso públicamente) a la poesía como “La Señora”.
“Veamos cómo se ha despertado hoy La Señora, decía por ejemplo, porque si ella no quiere no hay nada que hacer.”
Parece que quiso. Y mucho. Y bien.

De pronto sentí el impulso irresistible de volver a buscar aquel primer libro tuyo, en que todo empezaba: Violín y otras cuestiones. Lo fui leyendo entero, lentamente, haciendo vida otra vez de la memoria. Y ahí fue donde, muy cerca del final, volví a encontrarte. O mejor, vos mismo te encontraste. Porque decías, ya desde entonces, y aún ahora: “Así eras, Juan. Por eso te llamabas, / juan como todo lo que sufre y crea.”





EPITAFIO

Un pájaro vivía en mí.
Una flor viajaba en mi sangre.
Mi corazón era un violín.

Quise o no quise. Pero a veces
me quisieron. También a mí
me alegraban: la primavera,
las manos juntas, lo feliz.

¡Digo que el hombre debe serlo!

(Aquí yace un pájaro.
                                   Una flor.
                                                  Un violín.)

                                                                                 (Violín y otras cuestiones, de Juan Gelman,
                                                                                Ediciones Gleizer, Buenos Aires, 1956)





ENTRESHIJO

La mano sube y baja a la noche
sobre el ritmo del corazón.
Él sueña, qué, no sabe, pero
el sabor en la boca no miente
y el estampido del día
borra rostros. Cansado es
revertir nervios que funcionan
con el despliegue de los astros
y las obras sensibles.
Remolcan a cadena
la resurrección del calor y
los órganos internos del estar amoroso
sustituyen la falta con un puente
que va adónde.
¿Al caballo de Córdoba? La foto
da fe que galopó ternuras
con un niñito al lado.
La foto se quedó
y un espejismo de aguas lentas
deshace el orden cósmico hoy.
Decirlo en voz alta es un lugar
de la conciencia apenas
cubierto por sustancias vulgares.

                                                                       (El emperrado corazón amora, de Juan Gelman,
                                                                       Seix Barral, Buenos Aires, 2011)





¿Y

         si la poesía fuera un olvido del perro que te mordió la sangre/una delicia falsa/una fuga en mí mayor/un invento de lo que nunca se podrá decir? ¿Y si fuera la negación de la calle/la bosta de un caballo/el suicidio de los ojos agudos? ¿Y si fuera lo que es en cualquier parte y nunca avisa? ¿Y si fuera?

                                                                      (Hoy, de Juan Gelman,
                                                                      Seix Barral, Buenos Aires, 2013)





"Juan Gelman y Rodolfo Alonso en el Festival Internacional
de Poesía de Medellín, 1994".

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17 de enero de 2014


Poema Juan

Por Rodolfo Alonso

Después de merecer
espiar "De atrásalante"

en sus originales



¿Y cómo habría de ser, no siendo Gelman,
la cosa entonces devenida, cómo
podría la cosa serse, Juan no siendo?

(En el oasis MaraJuan producen
cosas de grande limpidez: amigos,
es decir la amistad, la de adeveras,
sin reto, con retorno, sin retórica.)

¿Y cómo habrá en la cosa seguir siendo
cosa nomás, apenas, nada menos,
cosa de siempre-nunca, todo en uno?


                                                                                                     (México DF, 9-10-2008)

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23.10.13

Vinicius, la poesía misma





Jueves, 17 de octubre de 2013
Opinión

Vinicius, la poesía misma

Por Rodolfo Alonso *
El 19 de octubre, Vinicius de Moraes (1913-1980) cumpliría cien años. ¿No parece increíble? Porque si hay alguien que estuvo vivo y joven, intensa y apasionadamente vivo, fue él. Tanto, que de su propia vida hizo leyenda. Y una leyenda que, teniendo fundamentos, también sirvió para opacar su veta más honda y más fecunda: su íntegra, completa, decidida, devota, fervorosa entrega de fondo a la poesía.
Como Rimbaud, su guía, su gurú, su maestro, quiso “cambiar la vida”. Y lo logró, no sólo con su propia existencia, sino también con las múltiples resonancias que hizo crecer en muchos otros. Patriarca inveterado de la noche bohemia, sereno en el exceso, convicto del alcohol y de la música, de la poesía y del amor, su sensacional asunción de una figura nueva (brasileñísima) de hombre público lo llevó con naturalidad, sin proponérselo, con clase, a enfervorizar primero a su país, luego a América toda y finalmente al mundo.
¿Quién iba a sospecharlo cuando se inició como el alumno más fiel de los jesuitas, ceñido por límites, culpas y ensueños metafísicos? ¿Quién iba a imaginarlo cuando muy joven alcanzó el ansiado rol de diplomático, y de ejercerlo en las más bellas ciudades del mundo? Pero en su interior bullían como jugos nutricios los mil rostros complejos de su Brasil. Y el primer cambio fue tan revelador como insólito: dejó Itamaraty para recluirse en la ciudad más hondamente espiritual de su país, Bahía, “la Roma negra” que tan bien bautizó Jorge Amado.
Desde allí su vida pareció un torbellino, pero un torbellino envidiable, y los poemas y los libros se unieron naturalmente con la música y los ritmos de la bossa nova, un sutil y contagioso movimiento musical que, como ocurre en Brasil, fue tan auténticamente nacional como ineludiblemente universal. Se dijo que había abandonado la poesía por la música, por la bohemia, por el espectáculo. Pero en realidad no fue así: Vinicius se mantuvo siempre leal a la poesía, y esas canciones y esa música eran la mismísima, la mejor poesía. Reunió la secular tradición de los trovadores, que siempre cantaron sus poemas, con el prodigioso manantial de la música popular. Vinicius demostró y alcanzó a devolver a la poesía, a la verdadera poesía, que nunca estuvo totalmente encerrada en los libros, todo el fuego y el calor de la música hecha voz: la poesía misma.
Y fue otro gran poeta brasileño, nada menos que Carlos Drummond de Andrade, funcionario público, de vida silenciosa y retirada, que nunca dejó su departamento de Ipanema, que nunca aceptó subir a un avión y conocer el mundo, quien pudo expresarlo mejor que nadie, con su austera precisión de mineiro, de nacido en Minas Gerais: “Vinicius es el único poeta brasileño que osó vivir bajo el signo de la pasión. Es decir, de la poesía en estado natural”. Y no sólo eso, también “fue el único de nosotros que tuvo vida de poeta”. Y por si fuera poco, confesó Drummond: “Yo hubiera querido ser Vinicius de Moraes”.
Es una lástima que aún no haya sido traducida la mejor biografía que conozco, la más intensa y viva, la más reveladora, de Vinicius de Moraes. Se titula El poeta de la pasión y le llevó dos años a mi amigo José Castello, que en 1995 me dedicó en Curitiba un ejemplar de la segunda edición, magníficamente ilustrada con fotos y editada por Companhia das Letras (San Pablo, 454 pgs., 1994). Allí se advierten ejes que vertebran la vida y obra de Vinicius: el amor, que le dio nueve casamientos, siempre con mujeres de misteriosa belleza; y el activo círculo de sus amigos: de formación, compañeros de bohemia, artistas, poetas y músicos. Y embebiendo todo eso, poemas y canciones que le fueron naciendo. Y que nunca dejaron de estar ligadas con hechos concretos de su existencia.
“La poesía es tan vital para mí que ella llega a ser el retrato de mi vida”, afirmó él mismo. Y añadió, dejándonos sin más que decir: “Por lo tanto, juzgar mi poesía sería juzgar mi vida. Y yo me considero un ser tan imperfecto...”

* Poeta, traductor y ensayista argentino.
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15.10.13

VINICIUS CUMPLE 100 AÑOS


4 LITERARIA LA GACETA

DOMINGO 13 DE OCTUBRE DE 2013

VINICIUS


          CUMPLE 100 AÑOS

• Por Rodolfo Alonso
Para La Gaceta – Olivos
(Provincia de Buenos Aires)

El 19 de octubre, Vinicius                               
de Moraes (1913-1980)
cumpliría 100 años. ¿No
es increíble? Porque si
alguien estuvo vivo,
apasionadamente vivo,
fue él. Tanto que su vida
fue leyenda. Una leyenda
que sirvió para opacar su
veta más honda: su
íntegra, completa,
decidida, devota,
fervorosa entrega de
fondo a la poesía.

Como Rimbaud, su guía,
su gurú, su maestro, Vinicius
quiso “cambiar la
vida”. Y lo logró, no sólo
con la propia, sino con
las resonancias que tuvo en muchos
otros. Patriarca de la noche
bohemia, sereno en el exceso,
convicto del alcohol y de la música,
de la poesía y del amor, su
asunción de una figura nueva
(brasileñísima) de hombre público,
lo llevó a enfervorizar primero
a su país, luego a América toda
y finalmente al mundo.
¿Quién iba a sospecharlo cuando
se inició como el alumno más
fiel de los jesuitas, ceñido por límites,
culpas y sueños metafísicos?
¿Quién podía imaginarlo
cuando muy joven alcanzó el ansiado
rol de diplomático, y ejercido
en las más bellas ciudades?
Pero en él bullían los mil rostros
complejos de Brasil. Y el primer
cambio fue ya revelador: dejó Itamaraty
para recluirse en la ciudad
más espiritual de su país: Bahía,
“la Roma negra” de Jorge
Amado.
Luego su vida se hace torbellino
(un torbellino envidiable), y
poemas y libros se unen con la
música y los ritmos de la bossa
nova, contagioso movimiento
musical que, como ocurre en Brasil,
fue tan local como universal.
Se dijo que dejaba la poesía por
el espectáculo. Y no fue así: Vinicius
se mantuvo siempre leal a la
poesía, y esas canciones y esa
música eran la mismísima, la mejor
poesía. Juntó la secular tradición
de los trovadores, que cantaban
sus poemas, con el rico manantial
de la música popular.
Vinicius logró devolver a la
poesía, que nunca estuvo encerrada
en los libros, el fuego y el
calor de la música hecha voz: la
poesía misma.

© LA GACETA
Rodolfo Alonso -
Poeta, traductor y ensayista.


POEMA DE NAVIDAD

POR VINICIUS DE MORAES

Para eso fuimos hechos
Para recordar y ser recordados
Para llorar y hacer llorar
Para enterrar a nuestros muertos
Por eso tenemos brazos largos para los
adioses
Manos para tomar lo que fue dado
Dedos para cavar la tierra.
Así será nuestra vida:
Una tarde siempre por olvidar
Una estrella apagándose en la sombra
Un camino entre dos sepulcros –
Por eso necesitamos velar
Hablar bajo, pisar suave, ver
A la noche dormir en silencio.
No hay mucho que decir:
Una canción sobre una cuna
Un verso, tal vez, de amor
Una oración por quien se va
Pero que esa hora no olvide
Y por ella nuestros corazones
Se dejen, graves y simples.
Pues para eso fuimos hechos
Para confiar en el milagro
Para participar de la poesía
Para ver el rostro de la muerte –
De repente nunca más esperaremos
Hoy la noche es joven; de la muerte, apenas
Nacemos, inmensamente.

*Traducción de Rodolfo Alonso


Vinicius de Moraes

7.10.13

Roberto Arlt


espectaculos
VIERNES, 4 DE OCTUBRE DE 2013
TEATRO › OPINION

Roberto Arlt, entre la redacción y el libro

Cada nueva muestra del feliz interés editorial por inéditos del gran escritor argentino Roberto Arlt (1900-1942) me recuerda mi temprana adolescencia, cuando lo descubrí espontáneamente en librerías de viejo, donde se conseguían aún sus primeras ediciones y se arrumbaban, sin lectores, aquellas heroicas reediciones de Raúl Larra para su editorial Futuro. Prácticamente ignorado, Arlt fue entonces, y sigue siendo para mí, una presencia personal, casi íntima. Y no dejo de sonreír al imaginar lo que diría, con su ironía agridulce y socarrona (pero tan complacido), de su merecida resonancia actual.
Una investigadora mexicana, Rose Corral, ha reunido en un cuidado volumen, Al margen del cable, todas las crónicas periodísticas de Roberto Arlt publicadas en el significativo diario El Nacional, de México (1937-1941). Crónicas que habían aparecido previamente en nuestro memorable diario El Mundo, donde el autor integraba una brillante redacción de destacados escritores.
Es sin duda la notable capacidad creadora de Roberto Arlt –que podía convertir la sucinta noticia de un cable en un vívido, inquietante retrato literario– lo que motiva el interés de los editores mexicanos, sostenido hasta la muerte del autor. Pero hay algo más. Reparemos en el intenso, doloroso período histórico de lucha antifascista que acompaña estas crónicas: desde la Guerra Civil Española hasta la Segunda Guerra Mundial. Y recordemos, asimismo, no sólo que El Nacional es el diario fundado en 1929 por la revolución mexicana sino que, al asumir la presidencia el legendario general Lázaro Cárdenas, aquel proceso entró en una etapa de acelerada profundización: reforma agraria, nacionalización del petróleo, solidaridad con la República Española, cuyos refugiados políticos fueron acogidos con ejemplar amplitud. Del mismo modo que lo fueron nada menos que León Trotsky, perseguido y finalmente asesinado por el stalinismo, o las primeras víctimas del nazismo que ya devastaba Europa.
Lo que ese libro nos devuelve, entonces, no es apenas la penetrante capacidad creadora de Arlt, su apasionada inteligencia y su demoledora, sutilísima ironía, sino igualmente sus lúcidas opiniones de política internacional, en un momento clave y densamente trágico de la historia del mundo. Quien lea ahora esas páginas podrá comprender no sólo las sólidas razones del gran diario mexicano para publicarlo sino, también, la no menos sólida inventiva con que Arlt consiguió enfrentar su gran dilema (“Escribí siempre en redacciones estrepitosas, acosado por la obligación de la columna cotidiana”): supo hacer de sus crónicas buena literatura y de sus relatos, una tocante prueba de experiencia vivida.
Una reflexión final. No es que la narrativa ácida y mordaz de Arlt haya reflejado, simplemente, la realidad argentina sino que, mucho me temo, fue nuestro tanto tiempo desdichado país el que había terminado imitando, hasta el exceso, el mundo despiadado y grotesco del hondo, indeleble Roberto Arlt.
* Poeta, traductor y ensayista.

20.9.13

¿Nuestra soberanía puede hablar "español"?




 Viernes, 20 de septiembre de 2013

EL PAIS > OPINIÓN

¿Nuestra soberanía puede hablar “español”?


 Por Rodolfo Alonso *
Estoy seguro de que a nadie habré inquietado con mi ausencia. Pero siento la obligación de explicar(me) por qué no acepté firmar el documento “Por una soberanía idiomática”, publicado el 17 de septiembre en Página/12, con cuyos fundamentos coincido en gran medida, y que rubrican muchos queridos y admirados amigos.
Como en estos temas del lenguaje no hay nada inocente, sólo se trató para mí de una sola palabra: llamar “español” a la lengua que hablamos. Ya en 1492, Antonio de Nebrija denominó “Gramática castellana” a la primera codificación de dicha lengua, por entonces naciente. Y ya entonces, y no sólo por obsecuencia, la dedicó a la reina Isabel como “instrumento del imperio”.
Desde muy pequeño supe que en España se hablaban varias lenguas, pero que sólo una no estaba prohibida. Y que esa prohibición duró muchos siglos, y sólo concluyó con la muerte de Franco y de su dictadura. A partir de entonces, recuperada la democracia, en España existen por lo menos cuatro lenguas oficiales: castellano, vasco, catalán y gallego.
Es algo que ya sabía Juan María Gutiérrez (1809-1878), un miembro clave de nuestra primera generación de intelectuales, la de 1837, cuando el 30 de diciembre de 1875, con una digna y larga carta, ampliamente fundamentada, rechazó aceptar su nombramiento como miembro de la Real Academia Española.
Desde entonces, la cuestión de la lengua tuvo amplio anclaje histórico en nuestro país, incluso con largos períodos donde se la enseñó nada menos que como “idioma nacional”. Lo que dio, por supuesto, pie para muchas y fecundas polémicas.
Pero así como no es azaroso ni ingenuo que la “Ñ” sea el logo de los muchos congresos que la Real Academia Española viene realizando sobre todo en nuestra América, tampoco es menos cierto que esa misma Academia, desde sus orígenes, utiliza el adjetivo de Española para su condición de organismo, y no para la lengua de la que dice ocuparse. La cual siempre fue llamada castellano.
Que nosotros aceptemos denominarla “español”, especialmente en estos tiempos donde el término “spanish” es impuesto por la avasalladora masificación de los medios digitales (que tampoco son ingenuos), es como si aceptáramos que, tal cual ocurre en las aduanas de Estados Unidos, nos califiquen de “hispanos”, o como si nosotros mismos siguiéramos aceptando el apelativo de “hispanoamericanos” con el cual quisieron cautivarnos. Es decir, hacernos cautivos.
Por eso, a mi modesto entender, pregunto (y me pregunto): ¿nuestra soberanía idiomática no debería comenzar por negarnos a designar con el nombre de una nación europea a la lengua en que hablamos, sobre todo, tantos millones de latinoamericanos?
* Poeta, traductor y ensayista argentino.

19.9.13

¿NUESTRA SOBERANÍA PUEDE HABLAR “ESPAÑOL”?

Por Rodolfo Alonso *



Estoy seguro que a nadie habré inquietado con mi ausencia. Pero siento la obligación de explicar(me) por qué no acepté firmar el documento “Por una soberanía idiomática”, publicado el 17 de septiembre en Página/12, con cuyos fundamentos coincido en gran medida, y que rubrican muchos queridos y admirados amigos.
Como en estos temas del lenguaje no hay nada inocente, sólo se trató para mí de una sola palabra: llamar “español” a la lengua que hablamos. Ya en 1492, Antonio de Nebrija denominó “Gramática castellana” a la primera codificación de dicha lengua, por entonces naciente. Y ya entonces, y no sólo por obsecuencia, la dedicó a la reina Isabel como “instrumento del imperio”.
Desde muy pequeño supe que en España se hablaban varias lenguas, pero que sólo una no estaba prohibida. Y que esa prohibición duró muchos siglos, y sólo concluyó con la muerte de Franco y de su dictadura. A partir de entonces, recuperada la democracia, en España existen por lo menos cuatro lenguas oficiales: castellano, vasco, catalán y gallego.
Es algo que ya sabía Juan Maria Gutiérrez (1809-1878), un miembro clave de nuestra primera generación de intelectuales, la de 1837, cuando el 30 de diciembre de 1875, con una digna y larga carta, ampliamente fundamentada, rechazó aceptar su nombramiento como miembro de la Real Academia Española.
Desde entonces, la cuestión de la lengua tuvo amplio anclaje histórico en nuestro país, incluso con largos períodos donde se la enseñó nada menos que como “idioma nacional”. Lo que dio, por supuesto, pie para muchas y fecundas polémicas.
Pero así como no es azaroso ni ingenuo que la “Ñ” sea el logo de los muchos congresos que la Real Academia Española viene realizando sobre todo en nuestra América, tampoco es menos cierto que esa misma Academia, desde sus orígenes, utiliza el adjetivo de Española para su condición de organismo, y no para la lengua de la que dice ocuparse. La cual siempre fue llamada castellano.
Que nosotros aceptemos denominarla “español”, especialmente en estos tiempos donde el término “spanish” es impuesto por la avasalladora masificación de los medios digitales (que tampoco son ingenuos), es como si aceptáramos que, tal cual ocurre en las aduanas de Estados Unidos, nos califiquen de “hispanos”, o como si nosotros mismos siguiéramos aceptando el apelativo de “hispanoamericanos” con el cual quisieron cautivarnos. Es decir, hacernos cautivos.
Por eso, a mi modesto entender, pregunto (y me pregunto): ¿nuestra soberanía idiomática no debería comenzar por negarnos a designar con el nombre de una nación europea a la lengua en que hablamos, sobre todo, tantos millones de latinoamericanos?


                              * Poeta, traductor y ensayista argentino.

18.9.13

Dos Poemas con Chile



Viernes, 13 de septiembre de 2013 | 

EL MUNDO > OPINIÓN

Dos Poemas con Chile


 Por Rodolfo Alonso *
Quizás estos dos poemas, escritos uno a muy pocos días del golpe y el otro bastante después, deberían haberse publicado el 11 de septiembre, cuadragésimo aniversario del primer zarpazo de la sangrienta garra pinochetista sobre Chile. Pero, en realidad, acaso sea mejor así. Porque el pensamiento vivo de Salvador Allende es el que se está concretando, cada día, en las nuevas democracias soberanas de América del Sur, unidas como nunca y como nunca atentas cada una a su propia identidad, a su propio camino dentro del destino general, en su gran mayoría ampliando las libertades constitucionales y los derechos humanos con la inclusión popular y la justicia social. Como quería Allende.

Ay, Chile
Me duele el corazón
pero me duelen
también el hígado, las manos, los riñones,
y también los testículos
y el alma.
Ay Chile, ay amor mío.
Los pequeños mendigos
de mi patria
que duermen en los subtes
no me han visto llorar.
(Buenos Aires, 19-9-1973)
Aquel Allende
Como un endecasílabo curioso
Avanzará la tarde a manos llenas
Y se abrirán las grandes alamedas
En nuestro desolado corazón
Estallarán en luces los opuestos
Y no se negarán contradicciones
Habrá ricos de amor cuando lo quieran
Y se abrirán las grandes alamedas
Al fin restañará su aura el obrero
Soldándonos de a uno uno a uno
Y no toda la luz será de sombra
Y se abrirán las grandes alamedas
Hacia lo que nos queda por hacer
Hacia lo que nos queda por vivir

(Buenos Aires, 17-2-2002)

* Poeta, traductor y ensayista argentino.


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21.8.13

CUESTIONARIO SCHMIDT

RODOLFO ALONSO ( BUENOS AIRES,1934 )

.    qué objetos te acompañaron toda tu vida?

 DEMASIADOS.

2.    sentís presencias, voces, músicas del trasmundo?

NO HASTA EL  MOMENTO.

3.    qué pensás de la rosa, los anillos, el mar y los tatuajes? 

 LO QUE ELLOS DECIDAN.

4.    cuál es tu superstición?

 NO CONOCERLA.

5.    en qué parte del cuerpo, el aire o el paisaje sentís la poesía? 

¿QUIÉN SERÁ ESE DEL QUE HABLAN?

6.    escribís mientras escribís o antes o después?

DEPENDE.

7.    qué autores no releerías? 

 BASTANTES.

8.    de los poetas que conociste cuál, cuales te parecieron que unían su vida a sus palabras? 

NO MUCHOS.

9.    qué, quién, quiénes escribe en vos?

ME GUSTARÍA SABERLO.

10.    vuelven algunas palabras, algunos temas o algunos climas? 

PUEDE OCURRIR.

11.    en tu vida, la poesía como propósito, destino o circunstancia? 

YO NO BUSCO, ME ENCUENTRA.

12.    qué quisieras leer mañana, que quisieras releer para siempre? 

ALGUNAS DE ESAS LÍNEAS QUE ALCANZAN PARA SIEMPRE.

13.    qué pensás del romanticismo alemán? 

QUE SIN SABER ALEMÁN ES IMPOSIBLE HABERLO CONOCIDO.

14.    el silencio, la soledad, la transparencia, el orden, adentro, afuera, a veces, nunca?

 NO SIEMPRE.

15.     qué fue lo imposible? 

¿DE QUÉ? ¿DE QUIÉN?

16.    la poesía es un arma cargada de futuro, pasado, eternidad? 

ESO DICEN.

17.    la poesía es literatura?

 SÍ Y NO.

18.    qué lugar ocupa la poesía argentina en Latinoamérica y en la lengua castellana?

 LA CUESTIÓN ME SUPERA, AMPLIAMENTE.

19.    cuáles poetas argentinos te parece que deberían estar y no están? / 

ELLOS SABRÁN.

20.    alguien te llevó o fuiste solo a esa palabra oscura?

¿CÓMO SABERLO?

21.    fuera de la poesía que campo del arte te interesa? 

TODO ES POESÍA O NADA ES POESÍA.

22.    la poesía es una tarea del espíritu o una emanación de la historia ¿hay espíritu, hay historia?

SI SUPIERA LES DIRÍA.

23.    cuál es la mayor dificultad en la relación existencia-poesía? 

PREGUNTAS COMO ÉSTA.

24.    quisieras responder otras preguntas, quisieras hacer otras preguntas? 

PREFERIRÍA NO HACERLO.